1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Igualdad de género: La lucha por la justicia en un mundo desigual


Extracto de las Conclusiones

En la actualidad la capacidad de actuar de las mujeres es cada vez más evidente e impresionante: en los movimientos de mujeres de todo el mundo, en las organizaciones de la sociedad civil, en
el ámbito del Estado y la sociedad política, y en el sistema internacional de asistencia para el desarrollo. Los procesos de democratización, a los cuales contribuyeron los movimientos de
mujeres, han alterado los términos bajo los cuales los grupos de mujeres emprenden la actividad política. A pesar de haber sufrido algunos reveses iniciales y la pérdida consecuente de
ímpetu, se han adaptado y revisado las estrategias para ayudar a las mujeres a conseguir poder político bajo las normas del juego democrático. El acceso de un número mayor de mujeres
al Parlamento, a los concejos municipales y a otros órganos administrativos locales, ha contribuido a la consolidación de la democracia en todo el mundo, al mismo tiempo que proporciona
a las diputadas y concejalas oportunidades valiosas para la articulación de prioridades diferentes en la toma de decisiones a nivel local y nacional.

Coincidiendo con las demandas clamorosas de los movimientos de mujeres, desde el interior del Estado las “femócratas” y las mujeres parlamentarias han trabajado con firmeza para hacer que las leyes nacionales garanticen los derechos de salud reproductiva de las mujeres y para prohibir la violencia y discriminación de que son víctimas, sin importar dónde sucedan estas violaciones y quiénes sean sus perpetradores. Gracias a históricos procesos penales internacionales que juzgaron los ataques sexuales durante la guerra como crímenes contra la humanidad, ahora se está empezando a exigir que los actores públicos responsables de violencia sexual respondan de sus actos no sólo ante los ciudadanos de sus propios países sino ante la sociedad mundial.

Estas acciones explícitas de carácter político y legislativo y el hecho de que las familias y las prácticas culturales estén inmersas en procesos de cambio social a largo plazo, han llevado a un
número más grande de mujeres a participar en la esfera pública. En efecto, una década después de Beijing hay mucho que celebrar.

Pero también hay mucho en riesgo. En el décimo aniversario de la Conferencia de Beijing, las mujeres protagonistas de sus propios movimientos analizarán no solamente el predominio constante del neoliberalismo en algunas arenas importantes de la formulación de políticas, sino los desafíos que se suscitan por los recientes giros geopolíticos y por las nuevas formas de política ligadas a la identidad religiosa, que se desarrollan a niveles subnacional, nacional y mundial. El riesgo es que los anhelos de las mujeres de que haya un cambio social queden relegados a un segundo término ante la preocupación por la seguridad. El unilateralismo está erosionando el marco multilateral dentro del cual las redes transnacionales de mujeres han auspiciado, a través de los años y con muchas dificultades, un régimen de derechos de la mujer a nivel mundial. En un clima ideológico polarizado en el que las preocupaciones por la seguridad adquieren suma importancia y se impide la disidencia, a fin de mantener espacios autónomos donde los grupos y movimientos de mujeres puedan abordar los problemas fundamentales y controvertidos sobre igualdad de género y libertades del sistema político liberal, se requerirá agilidad política y establecer alianzas con otros movimientos sociales, con los partidos políticos y con los Estados.

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