1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

  • 0
  • 0

Back | Programa: Género y desarrollo

The Political and Social Economy of Care in Nicaragua



Nicaragua es el segundo país más pobre del hemisferio occidental. El producto interno bruto (PIB) es excepcionalmente bajo (USD 958 per cápita), y su principal fuente de ingresos son las remesas enviadas por familiares emigrantes que trabajan en los Estados Unidos o Costa Rica. Setenta por ciento de la población se encuentra bajo el umbral de pobreza y dos de cada 10 personas son analfabetas. Muchos de los hogares están encabezados por mujeres que están a cargo del cuidado al tiempo de trabajar remuneradamente. Además, Nicaragua es un país muy sensible a desastres naturales y sociales tales como huracanes y terremotos. Dentro de este contexto complejo, ¿cómo se combinan e interactúan las prácticas sociales dentro del hogar, el estado, la comunidad y el mercado para proporcionar servicios de cuidado, en particular a los niños?

Históricamente, este país se ha caracterizado por ser un estado social con niveles inadecuados de inversión pública en la protección social y servicios sociales que han resultado en una cobertura limitada. Vale decir, que aún bajo el modelo de la sustitución de importaciones y durante el periodo que el estado aumentó la protección social, únicamente una cuarta parte de la población estaba cubierta. Actualmente, el bienestar de la población depende en gran medida de estrategias familiares orientadas a generar ingresos y a construir redes de protección social. La alta dependencia de la emigración y el envío de remesas; el autoempleo mediante la transformación de las familias en unidades productivas; y las redes sociales para hacer frente a enfermedades y situaciones imprevistas, demuestran la ausencia de de una división clara entre los mercados laborales, la política social y las familias.

Durante las últimas tres décadas, el país atravesó cambios radicales en su régimen político y económico. Durante la primera mitad de los 80 Nicaragua vivió la luna de miel de la revolución sandinista. La segundo mitad estuvo caracterizada por el embargo de los Estados Unidos, la contrarrevolución, la guerra y el inicio de los programas de ajuste estructural. Los años 90 fueron marcados por la reconstrucción, la transición democrático-electoral, y la liberalización económica. A lo largo de estas tres transiciones, el trabajo femenino no remunerado, así como el trabajo voluntario y la participación comunitaria tuvieron un papel central en la prestación de servicios de cuidado.

Durante los años 80, la revolución sandinista expandió notoriamente los servicios de educación, de salud y de cuidado bajo la visión de que los servicios sociales debían ser prestados por parte de un estado fuerte y centralizado, que se dirigía a la población en general. Esta expansión se llevó a cabo, en gran medida, mediante la organización y la movilización de trabajo voluntario. Fue en contra de esta visión del estado, que los gobiernos liberales de los años 90 promovieron una concepción subsidiaria del Estado, tanto con respecto al mercado como al hogar. Esto se hizo mediante la descentralización y la focalización de los servicios, así como un aumento de la mercantilización en el acceso por medio de los llamados copagos. Estas transformaciones de signo neoliberal se hicieron también a partir de una gran movilización del trabajo femenino no remunerado, el trabajo voluntario y la participación comunitaria.

Durante el período estudiado, la presencia estatal fue subsidiaria y residual al papel del trabajo no remunerado, voluntario y comunitario y eso en varios sentidos. Primero, porque los recursos y servicios sociales públicos disponibles fueron realmente básicos (por ejemplo, en materia de salud, sólo atención primaria) y la cobertura muy insuficiente. Segundo, porque la participación de los hogares y comunidades fue muy alta comparada con la del aparato público propiamente dicho. Tercero, porque la contrapartida familiar y comunitaria fue un requisito para el funcionamiento de la mayoría de los programas públicos.

A partir de fuentes estadísticas, documentos oficiales y fuentes secundarias, este documento presenta en primer lugar las características generales del régimen de política social nicaragüense, tanto en términos de gasto social como de sus principales componentes (educación, salud, protección social y servicios de cuidado propiamente dichos). Además, a partir de 54 entrevistas con mujeres y hombres de dos municipios contrastantes (Managua y Estelí), el estudio describe las principales prácticas asociadas al cuidado y las interpreta a la luz de las estadísticas disponibles sobre el uso de tiempo. Finalmente, en vista de los resultados, discutimos los principales rasgos que tiene la mezcla de prácticas públicas, mercantiles y familiares en materia del cuidado.

Juliana Martínez Franzoni es docente de la Escuela de Ciencias Políticas e investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica. Carmen Largaespada-Fredersdorff es una socióloga nicaragüense especializada y activa en temas relacionados con la política social, niñez y adolescencia, mujer y familia en Nicaragua, México y Canadá. Karime Ulloa es estudiante del doctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales en Colombia. Koen Voorend es profesor universitario de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la Facultad de Ciencias Sociales e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 22 Apr 2010
    ISSN: 1994-8026