1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Igualdad de género: La lucha por la justicia en un mundo desigual


Extracto del Capítulo 13 - Repercusiones de las situaciones de conflicto para la mujer

Diez años después de la Conferencia de Beijing, el mundo está soportando todavía una epidemia de violencia armada, con 19 grandes conflictos y muchas otras confrontaciones violentas
de menor escala que están sucediendo en diferentes lugares del globo. No obstante que el número de conflictos importantes es menor que el habido en la mayor parte del tiempo transcurrido
desde el final de la Guerra Fría, la disminución de los conflictos armados y las guerras prevista con optimismo a principios del decenio de 1990, en realidad no se ha logrado efectivamente.
Algunas guerras han terminado; sin embargo, muchas otras no sólo continúan, sino que el cambio de las circunstancias suscitado por los ataques del 11 de septiembre de 2001 a los Estados
Unidos de América y la subsiguiente “guerra contra el terrorismo” parecen haber dejado al mundo más predispuesto que antes a la violencia armada impredecible. Por lo tanto, se han agudizado
las dificultades para atender las causas de los conflictos y sus implicaciones en la vida de las personas comunes, entre éstas, y de manera especial, las mujeres.

El final de la Guerra Fría fue testigo de los cambios habidos en las formas y en los escenarios de la violencia armada. Algunos de los conflictos o confrontaciones políticas armadas que anteriormente
se habían suscitado por la competencia mundial por conseguir aliados estratégicos entre las dos superpotencias del Este y el Oeste llegaron a un fin negociado. Sin embargo, se desencadenaron también guerras nuevas por la relajación de los controles que se aplicaban durante la larga era de confrontación de las superpotencias, tal como fue el caso de la antigua Yugoslavia. Varios de los conflictos vigentes—en Cachemira, el Sudán, la República Democrática del Congo (RDC)—son
remanentes del período postcolonial, que prosiguen con mutaciones nuevas. Sin embargo, en otros casos se derivan de la competencia interna por territorios o recursos entre clanes o
líderes étnicos locales, como en Burundi, Somalia e Indonesia; o son insurrecciones armadas contra el Estado, cuya fortuna aumenta o disminuye pero que no logran llegar a un final definitivo, como en Sri Lanka, la República de Chechenia y Colombia. La mayoría de estos conflictos son guerras internas o “civiles”: sólo dos de los 19 grandes conflictos vigentes en 2003 eran entre Estados (la invasión de Irak encabezada por los Estados Unidos de América y el Reino Unido, y el conflicto
entre la India y el Pakistán por la región de Cachemira); pero la interferencia o involucramiento de potencias o intereses extranjeros es común.

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