1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Migrant Workers and Xenophobia in the Middle East



Este documento analiza las tendencias de la migración hacia los países ricos en petróleo y otros países receptores de mano de obra en el Medio Oriente. Los patrones de empleo de migrantes en los países receptores sirven como indicadores de la magnitud de la “racialización” que se ha desarrollado en determinadas ocupaciones y sectores de la industria. En este documento se examinan las causas, los patrones y los casos de prácticas discriminatorias y xenófobas observadas entre los empleadores, la sociedad civil y el Estado. También se examinan los mecanismos correctivos formales y el apoyo no estatal para determinar el grado en que pueden abordarse, y se abordan efectivamente, los problemas locales a que se enfrentan los migrantes. Por último, se formulan propuestas de política para mejorar las relaciones entre los migrantes y las comunidades, los empleadores, las agencias de colocación y los gobiernos de los países receptores.

La mayor afluencia de trabajadores extranjeros en el Medio Oriente comenzó en 1973, cuando se disparó el precio del petróleo, lo que incrementó de forma espectacular la riqueza de los Estados del Golfo Arábico (Emiratos Árabes Unidos, Omán, Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Bahrein, que integran el Consejo de Cooperación del Golfo o CCG). Los países del Golfo se encontraron con importantes planes de desarrollo, y con los fondos para pagarlos, pero con una fuerza de trabajo totalmente inadecuada: la fuerza de trabajo combinada de los países del CCG ascendía a tan sólo 1.36 millones de personas. En un principio, los trabajadores cualificados y no cualificados procedentes de otros países árabes (principalmente egipcios, yemenitas, palestinos, jordanos, libaneses y sudaneses) y de países asiáticos (fundamentalmente Pakistán y la India) prácticamente duplicaron la población de Arabia Saudita y Kuwait entre 1975 y 1985. A principios del decenio de 1980, se contrató a un número creciente de migrantes procedentes de países del sudeste asiático. Hasta fines de dicho decenio, éstos representaron más de la mitad de los migrantes asiáticos al Medio Oriente.

En 1985, el precio del petróleo cayó en picado, frenando el desarrollo de la infraestructura en los Estados del Golfo, lo que provocó la reducción de la migración procedente de Asia en casi un tercio. Esta caída fue menos grave gracias al crecimiento del empleo en el sector de los servicios, que absorbió muchos trabajadores, en particular mujeres de Sri Lanka, Bangladesh, Indonesia y Filipinas. Asimismo, se redujo el número de migrantes expatriados procedentes de otros Estados árabes, por motivos tanto políticos como económicos.

A diferencia de los países árabes emisores de mano de obra, los gobiernos asiáticos aplicaron políticas para fomentar de manera activa el empleo en el extranjero; en parte para mitigar el desempleo y en parte para generar el ingreso de divisas. La fuerza de trabajo llegó a ser su principal producto de exportación, generando ingresos considerables. Por ejemplo, en 1999, el total de remesas enviadas a Sri Lanka por los trabajadores que se encontraban en el extranjero ascendieron a mil millones de dólares de los Estados Unidos, equivalente a cerca del 20 por ciento del valor de las importaciones el año precedente, y superior al déficit comercial de 700 millones de dólares.

Así como el número creciente de mano de obra extranjera “barata” procedente de los países asiáticos y africanos contribuyó a satisfacer la demanda de trabajadores no cualificados en los Estados del Golfo Arábico, también ha continuado la tendencia a la “racialización” de determinadas ocupaciones en los mercados laborales secundarios. En otras palabras, los trabajos sucios, peligrosos y difíciles se han asociado con trabajadores extranjeros (asiáticos y africanos) a tal grado que los nacionales de los países receptores se niegan a desempeñarlos, a pesar de los altos índices de pobreza y desempleo.

En este documento se abordan, en particular, las peculiaridades de los contratos de trabajo temporal de los extranjeros en los países empleadores en el Medio Oriente. Se argumenta que los trabajadores extranjeros temporales no son, oficialmente, “libres” en los países receptores, porque no pueden acceder a los mercados laborales locales en estos países sin el permiso expreso de las autoridades estatales. En otras palabras, los trabajadores temporales suelen estar legalmente vinculados con un patrocinador/empleador por la duración del contrato de trabajo, a cuya expiración se exige al trabajador renovar el permiso de trabajo o, en su defecto, abandonar el país. Los trabajadores temporales que abandonan (o tratan de huir de) su patrocinador/ empleador son considerados en situación ilegal y son sujetos de arresto y deportación. A intervalos regulares, se organizan “redadas” para hallar y deportar a esos residentes extranjeros ilegales. En la mayoría de los países, muchas personas que pertenecen a esta categoría siguen viviendo y trabajando, aunque se desconocen las cifras exactas.

Por lo general, en los países del Medio Oriente se les da preferencia a los trabajadores extranjeros con contratos temporales, puesto que no pretenden asentarse de manera permanente ni obtener derechos de ciudadanía. En la mayoría de los países, la legislación laboral local no protege a tales trabajadores; y no se ha ratificado ni se aplica en dichos países ninguna convención de las Naciones Unidas, ni ningún convenio de la Organización Internacional del Trabajo que ofrecen protección nacional o internacional a este tipo de trabajadores, particularmente a los trabajadores no cualificados. No obstante el carácter temporal de tales contratos de trabajo, continúa el flujo migratorio de trabajadores hacia estos países. En función de su número, suelen crearse comunidades étnicas bien establecidas.

Se hace especial hincapié en las dimensiones racistas del trato que reciben los trabajadores domésticos asiáticos en el Medio Oriente. En el Líbano, las mujeres asiáticas que trabajan en el servicio doméstico, viven en condiciones similares a las de la esclavitud. La red social en la que se encuentran, que incluye la amenaza de violencia, la restricción de movimiento y condiciones de trabajo inhumanas, ha conducido a abusos significativamente extendidos y generalizados, a los cuales están sometidas estas mujeres, que constituyen un grupo particularmente vulnerable. Se ha estudiado detenidamente la situación en que se encuentran los trabajadores domésticos, porque representan la mayor parte de los trabajadores extranjeros procedentes de Sri Lanka y Filipinas. Las condiciones en que viven y el trato que reciben, son similares en otros países de Oriente Medio.

En el caso del Líbano, la presencia de los trabajadores sirios—en su mayoría sin papeles, pero que trabajan libremente gracias a la presencia política y militar siria en este país—adquiere una dimensión adicional de índole política. Por otra parte, se ha impedido que los refugiados palestinos, a quienes desde 1948 se considera oficialmente extranjeros, ejerzan diversas ocupaciones y profesiones debido a que: (i) se estima que el hecho de otorgarles derechos de ciudadanía es contrario a su solicitud legítima del derecho de retornar a Palestina, y (ii) la integración de los palestinos supondría un aumento considerable del número de musulmanes sunitas, lo que perjudicaría el delicado “equilibrio” demográfico de la población.

La dimensión xenofóbica tiene tres aspectos. En primer lugar, se manifiesta claramente cuando se contratan trabajadores temporales, que no pueden solicitar la ciudadanía. En segundo lugar, se suele dar un trato preferencial a los nacionales, aunque se acepta que los extranjeros desempeñen trabajos serviles. Por último, la actitud de desdén hacia los que son evidentemente diferentes (en particular, los asiáticos) se observa en lugares públicos como supermercados, aeropuertos y oficinas gubernamentales.

Aunque se han formulado varias propuestas en cuanto a mecanismos correctivos formales con miras a mitigar o eliminar formas de racismo y de esclavitud en los países del Medio Oriente, también debe tenerse en cuenta que tales reformas pueden afectar la situación del mercado de trabajo en lo que respecta a la demanda de trabajadores extranjeros. En tal caso, podría ser que, ni los gobiernos de los países receptores ni los países emisores apoyen suficientemente una auténtica reforma.

Ray Jureidini es Profesor Asociado de Sociología en la American University de Beirut.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 31 Dec 2003
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1020-8194
    From: UNRISD