1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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The Development Divide in a Digital Age



En este documento se considera el papel que objetivamente cabe esperarse que desempeñen las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) en lo concerniente a mejorar el nivel y la calidad de vida de las personas en diferentes partes del mundo. Se centra fundamentalmente en los países de bajos ingresos, donde se concentra la mayoría de los esfuerzos encaminados a la asistencia para el desarrollo y donde el desafío de utilizar dichas tecnologías es mayor.
    El título del documento refleja su argumento central. La brecha entre desarrollo y subdesarrollo es causa fundamental de la inequidad en el acceso a las nuevas tecnologías. La probabilidad de que las personas de los países de bajos ingresos puedan mejorar su nivel de vida está a menudo considerablemente limitada, no sólo por su falta de acceso a medios de comunicación y fuentes de información modernos, sino también por una compleja red de restricciones, que abarca desde problemas no resueltos de pobreza e injusticia en sus propias sociedades hasta la estructura y dinámica del sistema económico mundial.

    Al elaborar programas de tecnologías de la información y de la comunicación en países en desarrollo, deben considerarse explícitamente estas numerosas limitaciones. Así, a escala internacional, el debate en torno a las posibilidades de utilizar Internet para mejorar las oportunidades comerciales y de trabajo en los países de bajos ingresos debe ir acompañada por una franca evaluación de las restricciones asociadas al régimen financiero y comercial actual en el mundo. Si no se analiza suficientemente el contexto para la innovación propuesta y si no se buscan soluciones para los problemas económicos urgentes, muchos esfuerzos bien intencionados no tardarán en abandonarse y obtendrán unos resultados mínimos.

    La falta de atención al entorno macroeconómico (y a deficiencias en la infraestructura física básica y en la capacidad del sector público) a menudo conduce a un excesivo optimismo en lo que respecta al potencial de desarrollo del comercio virtual y del teletrabajo en la mayoría de los países del tercer mundo. La desconsideración de estos factores también puede reducir las posibilidades de éxito en otros ámbitos. Incluso es probable que fracase hasta la iniciativa aparentemente más local – como facilitar el acceso a Internet en un colegio o clínica del tercer mundo-, si la carga de la deuda de dicho país prácticamente impide que el gobierno mantenga los programas adecuados de educación y salud pública. De igual modo, es improbable que el potencial de las tecnologías de la información y de la comunicación mejore la administración pública, si los gobiernos locales, por falta de presupuesto, no pueden mejorar los incentivos en una administración pública mal pagada y totalmente desmoralizada.

    De esta manera, es fundamental que mejore la coordinación entre las iniciativas que se basan en las tecnologías de la información y de la comunicación y los debates más amplios sobre los recursos para el desarrollo. Para que se utilicen adecuadamente las nuevas tecnologías en la lucha contra la desventaja, hay que mejorar la coordinación entre los que se dedican a los programas TIC, en ministerios y organismos internacionales por una parte, y por otra, sus colegas que a menudo siguen los misteriosos debates sobre las políticas de información y telecomunicaciones en organizaciones internacionales como la UIT, la OMPI, la OMC. En la mayoría de estos debates técnicos se observa una importante falta de atención al desarrollo y, sin embargo, los resultados de los mismos afectan directamente las condiciones de uso y de acceso a las tecnologías de la información en todo el mundo.

    Al pasar del marco internacional al nacional, en este documento se consideran las diferencias entre los países del tercer mundo, en cuanto a su capacidad de utilizar las tecnologías de la información para el desarrollo. Los esfuerzos que han obtenido mejores resultados con respecto a la incorporación de las tecnologías modernas en las economías nacionales, se han desplegado en países con estados sólidos y eficientes, y comprometidos firmemente a invertir en la educación. En algunos casos ha sido importante la privatización de la infraestructura de las telecomunicaciones, pero no siempre. Como se ha señalado en numerosos estudios, la calidad del servicio público y de la reglamentación pública son variables mucho más importantes que la estructura de la propiedad. Existen combinaciones prácticamente interminables de propiedad, que abarcan desde el pleno control estatal, hasta diferentes tipos de asociaciones entre el sector público y el sector privado, y que llegan hasta iniciativas totalmente privadas. Todas estas pueden ser efectivas en determinadas condiciones.

    Los países de bajos ingresos dependen en gran medida de instituciones y actores extranjeros para crear, tanto una infraestructura de telecomunicaciones adecuada como un marco normativo progresivo y justo. La asistencia para el desarrollo es fundamental al respecto. Es probable que los esfuerzos sean más efectivos si se despliegan en el contexto de las estrategias nacionales de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, que ponen de manifiesto la necesidad de adoptar las opciones técnicas y económicas a las necesidades de países específicos. Estas estrategias deberían facilitar asimismo un marco para mejorar la coordinación nacional de muchos esfuerzos de diversa índole, desplegados por las ONGs y otras entidades, para utilizar dichas tecnologías a fin de mejorar la administración pública y los servicios sociales, y de apoyar la democracia en los países del tercer mundo.

    Es importante tener un criterio amplio en lo que respecta a los tipos de tecnologías de la información y de la comunicación que sean más apropiados para estos fines. Actualmente, el debate en torno a estas tecnologías tiende a centrarse en Internet, canalizando la asistencia para el desarrollo en gran medida hacia la facilitación del acceso a la misma. Pero las aplicaciones de vanguardia no siempre responden a las necesidades más urgentes de las personas. En algunos casos, el uso de Internet puede resultar excesivamente caro y de difícil manutención para las personas locales, resultando así insostenible. En otros, Internet simplemente no es el mejor medio de apoyar el progreso político y socioeconómico local.

    A raíz de la revolución informática, las viejas tecnologías están adquiriendo nueva importancia. En muchas partes del mundo, los teléfonos móviles están transformando la calidad de vida de las personas. Las nuevas estaciones de radio digitales están llegando a un público amplio de modo interactivo, a través de programas en los que el público participa por teléfono. Además, cuando los corresponsales disponen de teléfonos móviles, sus reportes sobre las elecciones locales minuto por minuto –emitidas por radio- están logrando que haya una gran diferencia en la transparencia de los procesos electorales. La televisión por satélite da lugar a que aumente enormemente la gama de programas disponibles para los habitantes de los países cuyos gobiernos, hasta hace poco tiempo, podían limitar la recepción televisiva a algunos canales controlados por el Estado. Las cintas de vídeo desempeñan un papel similar, al ofrecer noticias no censuradas a una red de telespectadores, al mismo tiempo que permiten a millones de migrantes permanecer en contacto con sus familias en su país de origen. Incluso tecnologías tan simples como el fax y la fotocopiadora han transformado profundamente el marco para la movilización política en algunas regiones. Un artículo reciente sobre las tecnologías de la información y de la comunicación en Oriente Medio, por ejemplo, presenta un análisis de los nuevos instrumentos para la democratización, con el encabezamiento “Fax, copia, rebobinar”.

    Tanto a nivel comunitario como de política nacional, es improbable que haya una sola estrategia en materia de tecnologías de la información y de la comunicación que sea más eficaz para todos los casos. Las decisiones relativas al apoyo de uno u otro planteamiento de estas tecnologías sólo pueden adoptarse tras evaluar las situaciones locales concretas. Además, en el proceso de elaboración de una estrategia local adecuada para utilizar estas tecnologías con objeto de que beneficien a los grupos desfavorecidos, el éxito dependerá, al menos por igual, de que se comprenda la estructura de las limitaciones políticas y económicas que afectan a los medios de vida de las personas, y de que se remedien los problemas inmediatos de acceso a las tecnologías de la información y las telecomunicaciones. El documento contiene una serie de ejemplos para demostrar que el acceso mejorado a la información o a las comunicaciones es un elemento vital para el bienestar de las personas; pero si las instituciones y políticas existentes no son propicios a la redistribución del poder en favor de los que menos tienen, las nuevas tecnologías no pueden hacer milagros. Lo que Michael Lipton ha llamado “el principio de las condiciones conjuntas”, al tratar de hacer frente a la pobreza, también puede aplicarse a todas las esferas de estudio de las tecnologías de la información y de la comunicación. Los programas específicos para la mejora a nivel local sólo deberían financiarse si se llevan a cabo con una especial atención a cuestiones más amplias que determinen si puede crearse un “ambiente propicio” para el desarrollo.

    La investigación puede desempeñar un papel importante al ayudar a conocer las necesidades de los grupos y países concretos, y al plantear políticas que parezcan más eficaces para resolver problemas específicos. En efecto, reforzar la capacidad institucional de análisis y debate en los países del tercer mundo es un elemento indispensable en la creación de sociedades del conocimiento. Puede mejorar la calidad de la información en que debe basarse una política efectiva, así como la solidez del proceso político que sea necesario para la formulación y aplicación de dicha política. Asimismo, puede ofrecer una oportunidad a los donantes para que reconsideren su propio papel en la promoción del desarrollo, logrando quizá que se replanteen sus programas de manera más participativa.
    • Publication and ordering details
    • Pub. Date: 1 Aug 2001
      Pub. Place: Geneva
      ISSN: 1020-8216
      From: UNRISD