1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Toward Integrated and Sustainable Development?



    ¿Cómo han interpretado y aplicado los principales organismos de desarrollo los criterios para el “desarrollo sostenible”? ¿Están alentando a los gobiernos y a otros agentes sociales a realizar progresos encaminados a alcanzar los objetivos mencionados, por ejemplo, en las Declaraciones y Planes de Acción adoptados en la Conferencia mundial sobre medio ambiente y desarrollo (Río, 1992) y la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995)? ¿Cabría esperar que los organismos de desarrollo internacional especializados adopten criterios integrados e integrales con respecto a cuestiones complejas medioambientales, relativas al bienestar social y socioeconómicas? ¿Qué podría hacerse para ayudar a garantizar que los esfuerzos desplegados por los principales organismos encaminados a un desarrollo sostenible sean más efectivos?
      Al tratar de responder a este tipo de preguntas, en este documento se examinan, en primer lugar, algunas interpretaciones, ambigüedades y contradicciones asociadas al término “desarrollo sostenible” y los motivos por los que éste adquirió tanta importancia para los organismos de desarrollo en el decenio de 1990. Barraclough sugiere que su popularidad reciente puede obedecer en menor grado a su innovación conceptual o agudeza analítica que a las políticas prácticas de la época. Además, defiende que las diferentes interpretaciones del término han permitido que una gran variedad de agentes aprueben y luchen por ”la sostenibilidad” y “el desarrollo”, que tienen connotaciones positivas a nivel prácticamente mundial asociadas al progreso dinámico y más equitativo.

      En el documento se discuten a continuación las tentativas recientes de algunos organismos internacionales fundamentales – la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Banco Mundial — para aplicar el concepto de desarrollo sostenible en sus programas operativos. El autor plantea varias preguntas: ¿En qué medida las políticas recientes de estos organismos en pro del desarrollo sostenible representan innovaciones conceptuales que conllevan un cambio en la filosofía, en contraposición con un simple cambio en la terminología? ¿Cómo se han traducido las políticas de desarrollo sostenible en programas y decisiones operativas concretos? ¿Son meros “añadidos” al programa continuo del organismo, o sugieren un cambio fundamental de su concepción general? Y, ¿hasta qué punto han conseguido los organismos integrar objetivos ambientales y sociales declarados? El autor considera que la adopción de objetivos y programas de “desarrollo sostenible” por parte de los organismos solía ser más bien una innovación terminológica que conceptual. Además, los organismos a menudo no han logrado integrar cuestiones socioeconómicas y ambientales en una concepción unificada para orientar sus operaciones de gran alcance. En el documento también se mencionan los esfuerzos desplegados por otros agentes del desarrollo — organismos y programas de la ONU, las numerosas organizaciones bilaterales dedicadas a prestar asistencia para el desarrollo, y un gran número de ONG internacionales. Estos organismos se enfrentan a problemas similares en lo concerniente a la aplicación de programas integrados sobre el terreno.

      Por ultimo, Barraclough especula sobre las posibles repercusiones que hayan podido tener en la práctica los esfuerzos desplegados para fomentar el desarrollo sostenible, y sobre el modo en que los principales agentes podrían contribuir a unos planteamientos más integrados y eficaces del desarrollo sostenible. La evaluación de las repercusiones sobre el terreno es extremadamente compleja. Los datos y análisis disponibles a menudo barajan resultados contradictorios. Sin embargo, quizá resulte aún más sorprendente la conclusión del autor con respecto a que apenas ha habido tentativas sistemáticas de analizar la interpretación y aplicación de las políticas e iniciativas en materia de desarrollo a varios niveles, desde las sedes, pasando por los centros regionales y nacionales decisorios, hasta sus consecuencias en los medios de vida y el medio ambiente sobre el terreno. Según parece, se sabe aún menos sobre la medida en que dichas iniciativas hayan podido repercutir en procesos más amplios que contribuyen a las desigualdades sociales y a la degradación ambiental. El autor sugiere que esta ausencia relativa de evaluaciones sistemáticas con información importante del terreno puede conducir a que se arraiguen unas hipótesis erróneas en los criterios tradicionales utilizados para formular recomendaciones para futuros programas y políticas.

      Conforme al autor, la carga del hacer ajustes encaminados a un desarrollo sostenible deberá recaer fundamentalmente en los ricos. La sostenibilidad será inalcanzable sin una redistribución del bienestar y del poder de los países ricos a los países pobres, y de la población más rica a la más pobre en ambas categorías de países. Podrían contribuir a este propósito las presiones crecientes de los grupos cada vez más organizados de los excluidos hasta el momento, aliados con otras fuerzas bien situadas para beneficiarse de un desarrollo más sostenible. La identificación de las fuerzas sociales que podrían movilizarse para provocar las reformas políticas e institucionales necesarias para un desarrollo social y ecológicamente sostenible a nivel internacional, nacional y local, sigue siendo la cuestión fundamental para los organismos de desarrollo internacionales.
    • Publication and ordering details
    • Pub. Date: 1 Feb 2001
      Pub. Place: Geneva
      From: UNRISD