1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Gender Sensitivity of Well-Being Indicators



El desarrollo no se fundamenta solamente en el crecimiento económico, sino que también en el logro de las metas sociales, como la equidad entre los sexos. La presencia de indicadores de bienestar capaces de reflejar fielmente las desigualdades en la distinción por género, es esencial para estos fines. Este documento contiene un examen crítico de la idoneidad de los indicadores de salud, nutrición y educación, y de algunos índices compuestos de la distinción por género, con referencia a los países en desarrollo. Se explora también la relación entre la pobreza y la discriminación entre hombres y mujeres en estos indicadores convencionales. No obstante, el importante punto de las prácticas sociales que resultan en discriminación por género, se encuentra fuera del alcance de este estudio.

Se evalúan los indicadores dentro del marco analítico de ‘funcionamientos’. En este marco, no es el hecho de poseer un producto o la utilidad que éste entregue, lo que representa el bienestar, sino que más bien es lo que la persona logra hacer satisfactoriamente con tal producto y sus características. Las conclusiones se exponen más adelante.

Indicadores de salud: Se evalúan los indicadores de mortalidad diferencial y morbilidad diferencial. Los indicadores de mortalidad (por ejemplo, la esperanza de vida y la tasa de mortalidad a una edad determinada) son fáciles de medir y económicamente accesibles con relación a otros indicadores sociales. La exactitud de algunos, como la esperanza de vida, se presta a duda, porque puede ocultar diferencias entre hombres y mujeres en grupos de edades específicas. Entre los indicadores de ciertos grupos de edades específicas, la proporción entre los menores de ambos sexos (desglosada especialmente en dos grupos de menores de 0 a 4 y de 5 a 9 años) parece ser sensible en la distinción por género, así como de gran pertinencia. Se ha hecho una evaluación en la India y vale la pena realizar una investigación en otros países en desarrollo. Con respecto a la morbilidad, es difícil reconstruir indicadores fiables debido a la falta de fiabilidad inherente de los datos.

Indicadores de nutrición: Los indicadores se evalúan en dos grupos: los indicadores de aporte alimentario y aquellos que resultan de la alimentación. No obstante, las medidas tanto del aporte alimentario como de los resultados de la alimentación, sufren de una serie de problemas de metodología e interpretación, que dificulta la elaboración de indicadores fiables.

Indicadores de educación: Los indicadores se evalúan en dos grandes grupos: los indicadores de acceso (que comprenden variables de stock, como la alfabetización de los adultos y la media de años escolares por persona de 25 años para arriba, y las variables de flujo como las proporciones de matrícula en las escuelas y el abandono escolar); y los indicadores de contenido y objetivos. Los indicadores de acceso parecen ser importantes para identificar la disparidad entre los sexos dentro de la enseñanza primaria, secundaria y superior. En los países en desarrollo con gran proporción de grupos de jóvenes, los flujos de variables ofrecen información más fiable y actualizada que las variables de stock. Si la investigación en un ámbito global manifiesta que los índices de matrícula escolar constituyen indicadores fiables de las diferencias entre los niños varones y las niñas, es necesario llevar a cabo una investigación a nivel micro, para comparar la fiabilidad de los índices de matrícula escolar con los índices de abandono y de repetición. Los indicadores de contenido y objetivo, como la indexación de la segregación sexual, podría ser de utilidad para evaluar las diferencias entre los niños varones y las niñas.

Evaluación compuesta: La evaluación de indicadores de un funcionamiento en particular, como el ejercicio anterior, puede dar la falsa impresión de igualdad - si hay presencia de desigualdad en los funcionamientos no evaluados – como por ejemplo, en el África subsahariana, algunos países pueden mostrar una proporción equilibrada entre los niños de ambos sexos pero hay diferencias marcadas en las tasas de matrícula en las escuelas.

Si bien un enfoque multidimensional a la evaluación posee muchos méritos, la tendencia actual de comprimir elementos múltiples de un vector de funcionamiento para hacer índices compuestos presenta otras cuestiones. Habrá que ejercer juicio de los valores sobre los componentes a incluir o a excluir (en función al uso que intenta dársele a la indexación) y sobre los coeficientes de ponderación a atribuirles. Sin embargo, los indicadores compuestos elaborados teniendo en mente objetivos específicos pueden ser útiles, y han constituido gran ayuda para las comparaciones preliminares en los análisis mundiales. Los índices compuestos de los que ahora disponemos (por ejemplo, el índice de desarrollo relacionado con el género y el índice de la calidad de la vida física) pueden necesitar de adaptación si habrá que utilizarlos para comparar las disparidades tanto dentro de un país en desarrollo como entre varios de tales países. Los indicadores utilizados tendrán que tomar en cuenta la naturaleza joven de la población. Por ejemplo, con respecto al índice de desarrollo relacionado con el género, podría ser más apropiado utilizar las proporciones que representan la población femenina y masculina desglosada por grupos de edades específicas (para los niños menores de 10 años) más bien que la esperanza de vida, y atribuir un coeficiente de ponderación superior al componente promedio de matrícula escolar, del indicador de educación, que el que se le atribuye al componente de alfabetización de los adultos. Además, el elemento ingresos del índice de desarrollo relacionado con el género, si se normaliza en función a las habilidades y se completa con un indicador de ‘trabajos fatigosos’, podría entregar información sobre la discriminación por género, superior a la que pueden ofrecer los componentes de funcionamiento.

La relación entre la pobreza de la unidad familiar y la discriminación por género: La poca evidencia con que se cuenta nos muestra que las diferencias en función de género que señalan los indicadores de funcionamiento, no necesariamente tienen correlación con las diferencias que se observan en los indicadores de opulencia. A excepción de la disparidad entre los niños varones y las niñas en cuanto a la educación, no es evidente que la desigualdad entre hombres y mujeres es universalmente más alta que aquella entre los grupos de personas con menores ingresos. Se examinan brevemente los indicadores de riqueza, sobre todo en la forma de pobreza de ingresos, pero es muy probable que la posesión de propiedad revelaría la misma falta de determinismo en la relación entre la pobreza y la distinción por género.

Se concluye como de primera importancia recoger, en el consenso nacional, los datos sobre los indicadores idóneos para identificar la distinción por género (especialmente aquellos indicadores que este estudio ha reconocido como útiles, así como los parámetros de tiempo), y segundo, los datos desglosados por distinción de género para los diferentes niveles de ingresos. Sin embargo, la investigación sobre las prácticas sociales que resultan en desigualdades entre hombres y mujeres (generalmente conducidas a nivel micro), necesitan incorporarse de manera más eficaz en la determinación de las políticas.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Sep 1998
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1012-6511
    From: UNRISD