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The Political Economy of Corporate Responsibility in Brazil: Social and Environmental Dimensions



El discurso y las prácticas asociadas con la responsabilidad social y medioambiental de las empresas (RSME) se han intensificado y evolucionado rápidamente en los últimos años. En este documento se describe y se examina la historia de la agenda de la RSME en Brasil, se identifican los factores y actores que están alentando a las empresas a tomar medidas en materia de RSME, y se plantea si la RSME tiene consecuencias reales en cuanto al desarrollo social y sostenible.

El interés mundial por la RSME aumentó en el decenio de 1990 y se extendió a muchos países en desarrollo a través de políticas, instituciones y procesos a menudo asociados con la mundialización. Sin embargo, muchos países en desarrollo también tienen su propia historia relativa a la RSME. El interés por mejorar el desempeño social de las empresas en Brasil creció considerablemente en el decenio de 1980, y fue impulsado en gran medida por las inquietudes, actores y contextos nacionales. Un elemento clave fue la difusión de determinados valores y principios éticos relacionados con la democratización y el pensamiento religioso progresivo. La democratización también allanó el camino para la expansión de las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales interesados en los efectos sociales y medioambientales de las empresas.

La comunidad empresarial jugó un papel clave en estos cambios, particularmente las asociacio-nes empresariales, que no sólo representaron los intereses económicos de sus miembros, sino que también abordaron cuestiones filosóficas y culturales, incluida la relación de las empresas con la sociedad. Esta red, que criticaba la actitud tradicional de las empresas, intentó reforzar la conciencia social de las mismas y promover actividades filantrópicas.

En el decenio de 1990, los actores e instituciones que promovían la RSME experimentaron una fuerte expansión. Los partidos políticos, organizaciones no gubernamentales (ONG), sindicatos, medios de comunicación, el gobierno local, los consumidores y accionistas tomaron parte en esta iniciativa, junto con algunas asociaciones empresariales, y algunas compañías y directores proactivos. Pero entre las organizaciones de la sociedad civil existen algunas diferencias de planteamiento fundamentales. Los sindicatos, por ejemplo, responsabilizan en gran parte a las empresas del deterioro de las condiciones en el lugar de trabajo, y exigen la universalización de los derechos laborales; mientras que muchas ONG tienden a promover las iniciativas sociales voluntarias de las empresas.

El impulso dado a la RSME también ha sido reforzado por influencias y presiones internacio-nales asociadas con la gestión transfronteriza de las empresas multinacionales, el activismo de la sociedad civil mundial, la certificación medioambiental; y las normas y leyes internacionales sociales, medioambientales y relativas a los derechos humanos.

En el decenio de 1990 se produjo otro cambio importante. En vista de los esfuerzos desplegados por las empresas para reestructurarse y aumentar su competitividad en el plano internacional, algunos directores—y especialistas en gestión empresarial—reconocieron el potencial de utilizar las iniciativas en materia de RSME como modo de reducir los costos, aumentar la ventaja competitiva y manejar los riesgos y la reputación. Las repercusiones internacionales de la imagen empresarial desfavorable de Brasil les impulsaron a dar prioridad a algunos ámbitos específicos, inclusive la pobreza, la violencia, el trabajo infantil, la educación y la protección medioambiental. Asimismo, algunos segmentos de la comunidad empresarial, en particular las compañías más grandes de los sectores más dinámicos, desempeñaron un papel de liderazgo en las iniciativas sociales, con el propósito de cerrar algunas de las brechas que se abrieron al percibirse u observarse la debilidad del sector público.

La RSME llegó a ser parte de una estrategia más amplia para obtener legitimidad; una forma de limpiar la dañada imagen de las empresas y empresarios a quienes muchos consideraban responsables de la concentración de la riqueza y de la creciente especulación en la inversión financiera. Los empresarios brasileños podrían utilizar la RSME como herramienta para resta-blecer el clima de confianza entre los trabajadores, reforzar su estrategia competitiva y, ante todo, aumentar la confianza de los consumidores y la aceptación de la comunidad. En el contexto de mercados de trabajo flexibles y de la liberalización de los costos de la mano de obra, la responsabilidad social de las empresas se convirtió en un modo de mitigar parcialmente los efectos sociales de estas políticas y procesos.

Al ampliarse el programa de la RSME en el decenio de 1990, un número creciente de grandes empresas se centró en una serie de iniciativas que iban más allá de la filantropía, inclusive el bienestar social, la protección medioambiental y el desarrollo comunitario: actividades tradicio-nalmente centradas en donaciones o iniciativas sociales dirigidas a las comunidades en las que se hallaba la empresa. Es decir, las asociaciones empresariales y las empresas orientaron sus iniciativas sociales hacia el exterior. Sin embargo, a medida que se intensificó la reestructuración de las empresas, éstas volvieron a centrarse más en sí mismas; por ejemplo, en inversiones so-ciales encaminadas a mejorar las aptitudes de los trabajadores para llevar a cabo una moder-nización tecnológica en el lugar de trabajo, particularmente en los sectores de la industria metalúrgica, química, textil y de la construcción. El principal objetivo de las inversiones sociales relacionadas con los trabajadores era incrementar la productividad. Al mismo tiempo, tales iniciativas podrían reducir los problemas tradicionales en la planta industrial brasileña, como las lesiones, el analfabetismo, la mala salud, el absentismo y la escasa identificación con los objetivos de la empresa.

Aunque las empresas emprenden cada vez más iniciativas en materia de RSME, la dinámica de la responsabilidad social de las empresas (RSE) y de la responsabilidad medioambiental de las empresas (RME) varía considerablemente. La RSE ha tenido lugar en un contexto de liberalización y de declive de las normas y derechos laborales. Si bien se han ampliado el discurso y la práctica de la RSE, las empresas y asociaciones empresariales han presionado al Estado simultáneamente para que excluya de la norma coactiva universalizada, los derechos de los trabajadores y las normas relativas a los mismos, y para que éstos sean objeto del proceso de negociación en el lugar de trabajo. Al tiempo que está liberalizándose la legislación laboral universal, las grandes empresas están recortando el empleo contractual y la remuneración. Cuando se sitúa en este contexto más amplio, la RSE parece más bien un enfoque “tirita” adoptado por los que tienen cargo de conciencia.

Por otra parte, la RME está apoyada y reforzada por sistemas normativos definidos por leyes nacionales y acuerdos internacionales, así como por diversas presiones de la sociedad civil y algunas oportunidades de negocios. Sin embargo, cualquier conclusión sobre “una mayor sensibilización medioambiental de las empresas” podría ser una simplificación excesiva de un proceso complejo en el que intervienen diferentes actores y dinámicas. La preocupación por las cuestiones medioambientales es relativamente reciente en la conciencia social, y ha aumentado de forma destacada en diferentes sectores de la sociedad, incluidas las empresas. Sin embargo, por el momento existen pocos indicios de una cultura realmente nueva caracterizada por un diálogo crítico y autocrítico entre la economía y la sociedad sobre cuestiones medioambientales. Las mejoras relacionadas con la RME apenas son perceptibles. Las relaciones entre las empresas y las ONG ecológicas siguen siendo poco fundadas, y algunos grupos de empresas continúan luchando por la relajación de las normas medioambientales, particularmente las relacionadas con la conservación forestal y con las restricciones relativas a la producción y comercialización de productos transgénicos (o genéticamente modificados).

En última instancia, las perspectivas para la RSME dependen de un marco institucional que combine las dimensiones normativa, política y empresarial. Existen algunos indicios de que este marco puede estar creándose en Brasil. La RSME probablemente cobre más impulso, y sobre todo cuando una serie de instituciones y actores—tanto antiguos como nuevos, nacionales como internacionales—están tomando parte activa en la promoción de la RSME. Los mercados para los bienes y servicios medioambientales siguen expandiéndose, y los recientes cambios políticos indican que el Estado desempeñará un papel más proactivo en el desarrollo económico y social.

En el nuevo gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, la agenda de la RSME está combinándose con un programa más amplio en el que las políticas públicas universales vuelven a ser el núcleo del modelo brasileño de desarrollo socioeconómico. Este gobierno también señala una nueva cultura de consenso social y una nueva relación entre la normatividad voluntaria y gubernamental.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Oct 2004
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1020-8216
    From: UNRISD