1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Back | Programa: Sociedad civil y movimientos sociales

Agricultural Restructuring and Trends in Rural Inequalities in Central Asia: A Socio-Statistical Survey



El sector agrícola y rural reviste una importancia clave en los Estados de la antigua Asia central soviética. No sólo es un sector fundamental para las economías nacionales de los Estados, sino también un importante proveedor de empleo, medios de vida básicos y seguridad social. El deterioro de este sector y de su estructura social puede minar el desarrollo de la sociedad civil, conducir a la inestabilidad social y amenazar al desarrollo económico sostenible. Sin embargo, apenas se ha prestado atención a este sector y raramente se le considera como una parte indispensable de la transformación de la sociedad. En este documento, Max Spoor analiza la reforma agrícola y la reestructuración del sector explícitamente en relación con la desigualdad y el papel de la sociedad civil, basándose en datos estadísticos y en datos de su investigación de campo.

Para ilustrar las diferencias y similitudes en las trayectorias de las reformas (agrícolas) en Asia central, el autor describe, en primer lugar, las condiciones iniciales. En vísperas de su independencia, los países de Asia central se caracterizaban por un bajo nivel de industrialización, una alta densidad poblacional, una población predominantemente rural, y una tasa de pobreza más elevada que la de cualquier otro lugar en la antigua Unión Soviética. En cuanto a los aspectos positivos, durante el régimen soviético se habían introducido importantes mejoras sociales. Con el establecimiento de una infraestructura social rural, no sólo se erradicó el analfabetismo rural y se introdujo la atención a la salud, sino que también se proporcionó trabajo remunerado a la población rural (en particular a las mujeres).

La política económica del régimen soviético en Asia central, al igual que el régimen zarista que le precedió, se centró en la extracción de recursos del sector primario (recursos naturales y agricultura). En la agricultura, esto supuso una expansión forzosa de la monocultura algodonera (especialmente en Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán) para abastecer las zonas centrales. Las subvenciones estatales cesaron después de la independencia. Sin embargo, dado que las elites nacionales todavía dependían en gran medida de la extracción de recursos naturales (por ejemplo, la agricultura y los hidrocarburos), se han mostrado reacias a emprender una reforma drástica, que podría debilitar su control. No es mera coincidencia que Kirguistán, el país que cuenta con menos recursos naturales, haya sido el mayor defensor de la reforma.

En términos generales, la transformación agraria en el Asia central postsoviética ha sido más gradual que en Europa central y oriental y, por supuesto, más que en la mayor parte de la anti­gua Unión Soviética. Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán han puesto en marcha varias estrategias reformistas en lo que respecta a la agricultura, determinadas fundamentalmente por condiciones iniciales diferentes y por la disponibilidad de recursos naturales. Los sistemas de tenencia de la tierra han cambiado durante la transición: de forma más radi­cal en Kazajstán y Kirguistán, a través de la privatización y de la desintegración de las antiguas granjas estatales y colectivas; en Turkmenistán y Uzbekistán a través del arrendamiento de la tierra, por lo que sobrevivieron las empresas a gran escala, y en Tayikistán la reforma agraria comenzó apenas al término de la guerra civil en 1997, pero progresó más rápidamente que en Turkmenistán y Uzbekistán. La individualización de la producción se ha incrementado en toda la región, ya sea a través de las granjas de campesinos (como en Kazajstán y Kirguistán) o de la expansión de terrenos familiares pertenecientes a los trabajadores en las (antiguas) granjas co­lectivas (como en Turkmenistán y Uzbekistán).

No existe una correlación sencilla entre la rapidez de la reforma agraria y los resultados del sector agrícola. La reforma agraria y la creación de terrenos agrícolas privados sólo pueden es­timular la iniciativa privada y la producción, cuando se combinan con una transformación del sistema de ordenación estatal. En Turkmenistán y Uzbekistán, el rendimiento de las tierras de cultivo de propiedad privada se ve obstaculizado por las entregas obligatorias al Estado y la centralización del suministro de insumos. Por otra parte, una liberalización rápida (y muchas veces caótica) de los mercados (de insumos), sin la aparición de sistemas de comercialización competitivos e instituciones necesarias—como en Kazajstán y Kirguistán—condujo inicialmente al colapso de los mercados.

La desigualdad se ha incrementado drásticamente en los Estados de Asia central, y las tasas de pobreza son elevadas. La pobreza ha aumentado en particular en las zonas rurales (y sobre todo entre las mujeres, ya que muchas perdieron sus puestos de trabajo con el deterioro de la infraestructura social rural). Esto está relacionado con la desarticulación de la estructura social que existía anteriormente en las zonas rurales, y con la casi inexistencia de nuevas instituciones (como organizaciones de la sociedad civil y sistemas microfinancieros). Kazajstán y Kirguistán, los países reformistas, aunque han mostrado la activa aparición de nuevas organizaciones de la sociedad civil, son los que más problemas tienen a este respecto. En ambos países, la desintegración de las granjas colectivas se tradujo en la desintegración de los servicios sociales que éstas prestaban. Los países lentos o no reformistas (Turkmenistán y Uzbekistán) han protegido una parte de esta estructura social, pero consideran el desarrollo de la sociedad civil más como una amenaza que como una necesidad para la recuperación y el desarrollo del medio rural. La sociedad civil en estos países probablemente se desarrolle a partir de organizaciones que formaban parte del Estado o que estaban relacionadas con el mismo.

En lo que respecta a la futura transición y al programa de desarrollo, el sector rural debería adquirir prioridad, en lugar de relegarse a un segundo plano en la reforma. Asimismo, la reforma no debería orientarse únicamente por la eficiencia, sino que también debería tomar en cuenta la equidad. La creación de instituciones es importante (por ejemplo, sistemas de microcréditos) y, siempre que sea posible, las estructuras colectivas deberían transformarse en servicios cooperativos, en lugar de destruirse. Por último, el establecimiento de organizaciones de la sociedad civil reviste carácter de urgencia para crear una economía de mercado, lo que exige una política gubernamental más abierta.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Nov 2004
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1020-8178
    From: UNRISD