1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Globalization, Liberalization and Equitable Development: Lessons from East Asia



En estas páginas, Jomo K.S. evalúa los efectos del desarrollo de la mundialización y la liberalización económica en cinco economías: Indonesia, Malasia, la República de Corea, la República de China (provinicia de Taiwán) y Tailandia. Enmarca su discusión en el contexto de la dominante tendencia mundial hacia la liberalización, en particular las políticas promovidas por el “Consenso de Washington”. Jomo crítica estas últimas, y especialmente al Banco Mundial, que ha promocionado las economías de Malasia, Indonesia y Tailandia (el trío del Sudeste Asiático o SEA3, por sus siglas en inglés) como ejemplo de un rápido y exitoso crecimiento económico, orientado a la exportación y respetando los principios de equidad. Aparentemente, por el hecho de haber conseguido este objetivo a través de la liberalización—es decir, reduciendo la intervención estatal, en particular en el plano exterior—otros países en desarrollo consideraron los países del trío del Sudeste Asiático, como modelos a seguir. El mensaje era que la liberalización externa no sólo fomentaría un crecimiento más rápido, sino también una mayor equidad. Sin embargo, este documento demuestra que los resultados obtenidos por los países del trío del Sudeste Asiático fueron menos positivos que los de la República de Corea y la Provincia China de Taiwán.

Si bien continúan aplicando ciertas políticas intervencionistas, las cinco economías han experimentado de manera selectiva, una liberalización considerable desde el decenio de 1980. Las consecuencias han sido desiguales, de forma que algunas economías, industrias y empresas han estado mejor situadas para beneficiarse más de la liberalización y reducir sus efectos potencialmente perjudiciales, mientras que otras han sido mucho más vulnerables. Si bien la política industrial en los países del Sudeste Asiático era inferior e incluso estaba mal concebida—si no mal utilizada—las intervenciones estatales selectivas en estos países contribuyeron al rápido crecimiento, al cambio estructural y al desarrollo de nuevas capacidades industriales internacionalmente competitivas. El alto nivel de crecimiento y la transformación estructural también incrementaron el empleo y el ingreso promedio, por lo que se redujo la pobreza. No obstante, las consecuencias para la desigualdad han sido más complicadas.

La desigualdad de ingresos en Tailandia, Malasia e Indonesia ha sido relativamente mayor que en la República de Corea y la República de China (provinicia de Taiwán). En las cinco economías, la desigualdad ha aumentado durante el período de rápida liberalización y mundialización, desde el decenio de 1980. El crecimiento ha propiciado el aumento del ingreso real en general, por lo que se ha reducido la pobreza, pero hay pocas pruebas claras de que el proceso de crecimiento contribuyera directamente a una distribución de ingresos más equitativa, salvo cuando el bajo nivel de desempleo y el desarrollo de la capacidad reforzaran el poder de negociación y la remuneración de la fuerza laboral en general.

Además del alivio de la pobreza y de mecanismos de redistribución, los cinco gobiernos han introducido, en diverso grado, redes de seguridad social para reducir el desajuste ocasionado por los rápidos cambios estructurales y las influencias cíclicas. Sin embargo, tales disposiciones han sido mínimas, ya que se ha supuesto que las personas desempleadas podrían contar con redes de seguridad social “tradicionales” facilitadas por familias, comunidades y actividades del sector informal. Los desastres sociales debidos a las recesiones que tuvieron lugar a consecuencia de las crisis financieras y monetarias de Asia Oriental de 1997 han puesto de relieve la inconveniencia de tales disposiciones cuando más se necesitaban.

La inversión pública y privada en recursos humanos ha ayudado a mitigar la desigualdad y la pobreza. Alentada por el gobierno, en la República de Corea y la República de China (provinicia de Taiwán), se ha desarrollado una fuerza de trabajo muy calificada. El desarrollo de la educación no sólo ayudó a generar recursos humanos técnicos y profesionales para el mejoramiento industrial, sino que también brindó más oportunidades para ascender en la escala socioeconómica, incluyendo el acrecentamiento de las habilidades y una mejor remuneración.

Jomo estima que, si bien la intervención estatal en Asia oriental, particularmente en la política industrial, fue clave para el rápido crecimiento económico y la industrialización tardía de la región, esto fue más real en el noreste de Asia (República de Corea y República de China (provinicia de Taiwán)) que en el sureste de Asia (Malasia, Tailandia y Indonesia). Las políticas económicas nacionalistas más eficaces de los primeros, fueron acompañadas de un desarrollo social considerable y una distribución de ingresos más equitativa. En cambio, en el sureste de Asia, las intervenciones estatales estaban más comprometidas, y la desigualdad de ingresos era mayor.

Así pues, la República de Corea y la República de China (provinicia de Taiwán) ilustran un “ciclo virtuoso” progresivo de alto nivel de intervención estatal, y un crecimiento económico rápido e igualitario combinado con el desarrollo social, caracterizado por elevadas tasas de alfabetismo y esperanza de vida, entre otros indicadores sociales positivos. Estos países también parecen estar mejor preparados para un crecimiento económico, una transformación estructural y un desarrollo social mayores. La aceptación social de políticas públicas encaminadas a acelerar el crecimiento, el cambio estructural y la industrialización tardía ante las condiciones impuestas externamente, incluidas tanto las regulaciones como la liberalización, pueden depender del compromiso del gobierno con políticas de desarrollo igualitarias, que involucren la redistribución de los bienes económicos, impuestos progresivos y el gasto social.

Según Jomo, los fenómenos económicos asociados con la mundialización son diversos y requieren respuestas específicas. En la medida en que una cierta liberalización económica internacional sea inevitable, es preciso prestar la debida atención a las cuestiones subsecuentes por un lado, y a las iniciativas proactivas y las respuestas dadas, por el otro. Los gobiernos de los países en desarrollo no disponen de los recursos necesarios para abordar el complicado programa asociado con la mundialización. La solidaridad y la cooperación entre estos gobiernos se han reducido considerablemente desde el decenio de 1970, particularmente con respecto a cuestiones económicas, y algunos gobiernos europeos han dejado de mostrar comprensión por sus aspiraciones de desarrollo. Jomo pone énfasis en la importancia de reestablecer ambos tipos de cooperación y de apoyo mutuo para ofrecer, efectivamente, una alternativa viable a la situación actual; y señala que si bien las iniciativas recientes pueden ofrecer perspectivas para tal cooperación, es preciso redoblar los esfuerzos encaminados a la adopción de estas medidas provisionales.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Jul 2003
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1020-816X
    From: UNRISD