1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Back | Programa: Democracia, gobierno y bienestar, Política social y desarrollo

Institutional Monocropping and Monotasking in Africa



El estudio de las instituciones ocupa nuevamente un espacio prominente en el análisis del desarrollo en África. Los primeros economistas del desarrollo estaban conscientes de que las instituciones eran el marco en el cual operan los mercados y los motores que pueden llevar a estos a funcionar de forma diferente de lo que cabría esperar con la simple extrapolación de su desempeño anterior. De hecho, un desarrollo institucional innovador permitiría a los recién llegados a avanzar con mucho más rapidez, al tiempo que la implementación de arreglos óptimos modificaría las trayectorias de desarrollo. Sin embargo, se aplicaron políticas neoliberales mediante la facilitación del funcionamiento del mercado, eliminando de esta forma las distorsiones, en particular el papel negativo del Estado. Cuando se observó que el ajuste basado en estas políticas había fracasado, la culpa recayó sobre el fracaso de las políticas y, seguidamente, sobre la debilidad institucional.

Mkandawire sostiene que el resurgimiento del interés en las instituciones es un acontecimiento positivo que debió ocurrir mucho antes. Pero este nuevo interés se arruina al maniatar a las instituciones a una perspectiva de política única y universal, que se incorpora al neoliberalismo con énfasis en la credibilidad y los derechos de propiedad. Esto ha conducido a la “monocultura institucional”, (monocropping) vale decir, versiones idealizadas de las instituciones angloamericanas que se imponen a los países en desarrollo partiendo del supuesto de que trascenderían las circunstancias y culturas nacionales. De acuerdo con el autor, las reformas institucionales también adolecen de una insistencia en “monotasking” a nivel institucional, en virtud de la cual las instituciones se limitan a cumplir con un conjunto estándar de políticas o tareas a menudo impuestas, así como de la interminable experimentación con las instituciones, lo que las hace sumamente inestables e impredecibles. La monocultura institucional pasa por el apego al “institucionalismo de elección racional”, que ha tendido a concentrarse en la función restrictiva de las instituciones e ignorado el papel desarrollista y transformador que resaltaban las formas históricas y sociológicas del institucionalismo. Finalmente, la monocultura institucional se caracteriza por la proliferación de tareas que han de cumplir unas instituciones altamente restringidas.

Huelga decir que el desarrollo económico requiere de buenas instituciones. Fuera del enrarecido mundo de la economía neoclásica, es de todos sabido que los mercados forman parte de complejas relaciones sociales. El interrogante que no se ha respondido aún es: ¿Qué instituciones son apropiadas en un determinado contexto para alcanzar un determinado objetivo y cumplir una determinada función?

Tras casi tres décadas de ajuste y el desentrañamiento de argumentos desarrollistas en favor de la intervención del Estado, el retorno a las instituciones representa realmente un cambio de envergadura. En opinión de Mkandawire, las economías africanas han pasado a un estado de desorden en relación con sus políticas en el cual poner todo en orden es ahora el objetivo, a pesar de la profunda reducción de la eficacia de las instituciones. Buena parte de esto se ha efectuado mediante procesos de imposición apuntalados con asistencia y condicionalidades. Las instituciones africanas que bien habrían podido cumplir funciones de desarrollo han sido ahora desmanteladas; y las instituciones que han sido fortalecidas son, en el mejor de los casos, aquellas buenas para la “estabilización” más que para el desarrollo.

Mkandawire sostiene que no obstante la “certeza” que se tiene sobre las instituciones que requieren los países africanos (y la monocultura institucional que de ello resulta), la historia y la experiencia de otros lugares indican que las instituciones no encajan monotónicamente en un conjunto único de políticas, así como tampoco ciertas políticas requieren de un conjunto específico de instituciones. No existe un modelo estándar de “economía de mercado”. Por el contrario, las economías de mercado son compatibles con una diversa gama de arreglos institucionales, productos de la dependencia de la trayectoria, la casualidad, la suerte y la fuerza de las consecuencias imprevistas de las acciones de muchos agentes.

El autor reconoce que las atribuciones de las instituciones van mucho más allá de las meras necesidades del mercado. Las instituciones cumplen muchas funciones en los procesos de desarrollo, e instituciones aparentemente idénticas pueden asumir distintos papeles en distintas ocasiones en diferentes países, o incluso dentro de un mismo país. El hecho de que una institución puede resultar necesaria para una función determinada no significa que dicha función sea la única que esa institución en particular puede cumplir.

Además, incluso cuando se conciben para cumplir un solo propósito, las instituciones tienen múltiples efectos, y puede que no todos ellos sean intencionales. Debido a que las reformas institucionales son una demanda y una oferta del sistema de ayuda y se conciben para empoderar a grupos favorecidos por actores externos, se presta poca atención a sus resultados distributivos. De allí que los principales aspectos que se examinan en los estudios sobre la reforma institucional—procesos, acción colectiva, relaciones y asimetrías de poder, problemas de intereses creados—son sencillamente eludidos, lo que a su vez significa que una serie de cuestiones relacionadas con las instituciones—equidad social, legitimidad del poder y, sobre todo, su papel en el mejoramiento de aquello que las sociedades pueden tener razón en valorar— también se evitan.

Mkandawire sostiene que muchos de los asuntos que preocupan a los países en desarrollo, como la autonomía, la conformación de la nación, la cohesión social, la pobreza y el subdesarrollo, siguen figurando en la agenda. Sin embargo, las soluciones que se proponen han simplemente evadido estas inquietudes para ocuparse de una agenda completamente diferente —“las condiciones de conformidad con las leyes del mercado”— con lo que se hace caso omiso del hecho de que, en la vida real, las instituciones tienden a hacer mucho más.

El autor señala que el énfasis en el diseño institucional que prioriza la creación de “entornos habilitantes” de estabilidad y previsibilidad para los inversionistas internacionales no es necesariamente deseable desde el punto de vista del desarrollo. La supeditación inquebrantable de la reforma institucional a un conjunto de políticas ha negado a las instituciones locales la capacidad de aprender de una amplia gama de experiencias vividas en otras partes del mundo. Argumenta Mkandawire que esto ha conducido además a la marginación de las numerosas inquietudes que los africanos han querido atender con sus propias instituciones o con instituciones prestadas. Peor aún, esta práctica ha minado la eficacia de las instituciones al negarles especificidad de contexto y flexibilidad.

  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 14 Jul 2009
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 2075-3977
    From: UNRISD