1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Back | Programa: Identidades, conflictos y cohesión social

The Historical Construction of Race and Citizenship in the United States



En este documento se revisa cómo la raza ha sido construida socialmente en los Estados Unidos desde la fundación de la república, y cómo los conceptos de diferencia y desigualdad racial han afectado, y han sido afectados por, la visión prevaleciente sobre ciudadanía e identidad nacional estadounidense.

Aunque la Revolución Americana fue un llamamiento a los conceptos universales de los derechos humanos que se desprendían de la Ilustración, la Constitución de 1789 autorizó la denegación del derecho de ciudadanía a las personas de ascendencia africana, como consecuencia de su esclavitud, y confinó a los pueblos indígenas conquistados a un estado de dependencia. La Ley de Naturalización de 1790 puso explícitamente de manifiesto las diferencias raciales al limitar el derecho de naturalización a los “blancos libres”. En los decenios de 1820 y 1830, el sufragio se extendió a todos los hombres de raza blanca, pero le fue retirado a algunos negros libres a quienes previamente se les había otorgado el derecho a votar.

Al aumentar la polémica sobre la esclavitud en los decenios de 1830, 1840 y 1850, los defensores de la esclavitud de la población negra basaron cada vez más sus argumentos en ideologías racistas pseudo-científicas. Tras el fallo Dred Scott de la Corte Suprema en 1857, se denegó el derecho de ciudadanía a todos los afroamericanos—libres o esclavos. El racismo era un fenómeno nacional cuando estalló la Guerra Civil. A menudo se marginaba a “los negros libres” en los Estados del Norte y se les denegaban derechos legales y políticos. En algunos estados y territorios incluso se les prohibía la entrada. Sin embargo, durante la Guerra Civil, la emancipación y la utilización de tropas integradas por personas de raza negra fueron esenciales para defender la Unión, por lo que los afroamericanos pudieron solicitar la igualdad de ciudadanía, que se les otorgó al aprobarse la Enmienda 14 a la Constitución, introducida en 1868. Así pues, se concedió la ciudadanía nacional a todas las personas nacidas en los Estados Unidos, con independencia de su raza, a excepción de los indios que vivían en comunidades tribales. En 1870, la Enmienda 15 a la Constitución declaró ilegal negar el derecho de voto por motivos de “raza, color, o condición previa de esclavitud”. A partir de entonces, la diferencia racial no podría ser la base explícita para la negación de una igualdad política y legal.

Sin embargo, la reforma constitucional igualitaria no se tradujo en una igualdad sustancial para los afro-americanos. La verdadera ciudadanía supone algo más que una igualdad legal formal. También conlleva una igualdad en el respeto y el deseo de una mayoría etnoracial de reconocer, de palabra y obra, que los miembros de una minoría pertenecen a la nación. Durante la era de Jim Crow, es decir, desde principios del decenio de 1880 hasta finales del decenio de 1960, se discriminaba, privaba de sus derechos civiles y aterrorizaba a la población negra en el Sur. En los Estados Unidos, el racismo ideológico—orientado no sólo a las personas de raza negra, sino a todo aquél que no fuera definitivamente blanco—alcanzó su punto más álgido a finales del siglo XIX y principios del XX. La mayor parte de la inmigración china, que comenzó en 1882, estaba prohibida. También se cuestionó, por motivos de raza, la conveniencia de los inmigrantes procedentes del Sur y Este de Europa, y las leyes de inmigración aprobadas en el decenio de 1920 establecieron un sistema de cuotas basado, en parte, en creencias acerca de las características innatas de diversas poblaciones. El “americanismo atribuido” había triunfado aparentemente sobre el liberalismo universalista que había inspirado el movimiento abolicionista y las enmiendas constitucionales posteriores a la Guerra Civil.

La extensión e intensificación del racismo entre los decenios de 1880 y 1920 fue consecuencia de la interacción entre estereotipos raciales ya integrados en la cultura, y de tensiones asociadas con el establecimiento de la clase y del estatus en una sociedad capitalista que experimentaba una rápida industrialización. Las personas de raza blanca pertenecientes a clases trabajadoras o más bajas podían llegar a la conclusión de que los trabajadores racialmente diferentes y mal remunerados constituían una amenaza para su situación económica, o si no, podían considerar su estatus racial o étnico como “salario psicológico”, para compensar su propia pobreza y falta de oportunidades. Las clases selectas establecidas podrían impedir el conflicto de clases alentando las divisiones etnoraciales entre las clases menos favorecidas, o podrían reforzar su estatus y autoridad como estadounidenses privilegiados, oponiéndose a la inmigración de las personas consideradas racialmente inferiores.

Entre los decenios de 1930 y 1970, los miembros de las minorías raciales y sus partidarios lucharon por establecer un concepto de ciudadanía más amplio y aplicable—que cumpliera la promesa igualitaria contenida en la Declaración de la Independencia de 1776. El programa conocido como New Deal difundió un nuevo concepto de ciudadanía social en 1933—“liberarse de la necesidad”, como diría Roosevelt—pero en un principio las nuevas políticas de seguridad social no contemplaban a la mayoría de la población negra. Sin embargo, la migración masiva de la población negra del Sur hacia el Norte dio lugar a que ésta recuperara su derecho de voto y a que aumentara su influencia política. Al mismo tiempo, los científicos sociales y naturales luchaban contra el racismo científico. Pero, fundamentalmente, el reformismo racial se impulsó a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y la repulsión ante el racismo nazi durante la posguerra. El movimiento de derechos civiles, que tuvo un éxito parcial en los años 50 y 60, también adquirió legitimidad debido a la necesidad estratégica de los Estados Unidos de competir con la Unión Soviética por “las mentes y las almas” de las personas de color recientemente descolonizadas en África y Asia. Las leyes de Derechos Civiles de 1964 y 1965, y la eliminación al mismo tiempo de las cuotas de inmigración justificadas por motivos de raza, pueden atribuirse al resurgimiento de las ideas igualitarias aparentemente olvidadas cuando, al cambiar las circunstancias, pareció que aquellos ideales servirían el interés nacional, al igual que los intereses de grupos influyentes de la sociedad.

Gracias a las Leyes de Derechos Civiles, los derechos legales y políticos de la ciudadanía pudieron respetarse en mayor grado, pero no se estableció el derecho a igual respeto para las personas aún consideradas “distintas” por una mayoría de estadounidenses de raza blanca. Además, en el decenio de 1980, la ciudadanía social anunciada por el programa New Deal comenzó a desintegrarse y sus consecuencias fueron nefastas para las minorías racializadas. Las estadísticas contemporáneas que revelan el encarcelamiento, el desempleo, el aislamiento social y la indigencia de un porcentaje más alto de personas de raza negra que de raza blanca ponen de manifiesto que la desigualdad estructural asociada a la raza sigue siendo un problema central en la sociedad estadounidense. Aunque ya no está sancionada legalmente, la discriminación persiste, no sólo contra afroamericanos, sino también contra la población hispana de bajos recursos, entre otros. La discriminación contra los inmigrantes asiáticos persiste igualmente, pero adopta formas más sutiles. La conciencia étnica cada vez mayor de las personas de raza negra y el deseo de los inmigrantes hispanos y asiáticos de preservar su cultura han dado lugar a que el “multiculturalismo”, más que el simple integracionismo o asimilacionismo, sea la ideología antirracista dominante en los Estados Unidos en la actualidad.

Además de analizar la historia de raza y de ciudadanía en los Estados Unidos, este documento intenta ubicar la construcción estadounidense de raza y etnia en una perspectiva comparativa. Lo que distingue el caso de los Estados Unidos es la coexistencia de una tradición universalista de derechos humanos por un lado y, por el otro, una fuerte tendencia histórica hacia la exclusión basada en motivos raciales. Francia también cuenta con una tradición universalista de derechos humanos, sin embargo, no ha erigido barreras de color, ni con mucho, en la misma medida. El racismo que ha dominado en los Estados Unidos, está basado en el color, mientras que la intolerancia étnica-racial en Francia ha sido más bien de índole cultural. Se puede hacer un contraste aún más marcado entre el “nacionalismo cívico” con una calificación racial vigente en los Estados Unidos, y la tradición alemana de tajante nacionalismo étnico que se materializó de una forma atroz en la época nazi. La identidad alemana suponía un rechazo categórico de las ideas de libertad individual y gobierno democrático propias de la Iluminación a las que se adherían la mayoría de los estadounidenses de raza blanca, sin que ello les impidiera discriminar a los que consideraron biológicamente incapaces de autogobernarse.

Sin embargo, el racismo estadounidense ha sido desafiado constantemente, no solamente por las víctimas, sino también por los supuestos beneficiarios, en el nombre de los derechos humanos universales. La afirmación en la Declaración de Independencia que “todos los hombres son creados iguales”, ha sancionado reformas antirracistas mayores en el pasado y ofrece esperanza para el futuro.

George M. Fredrickson es el Edgar E. Robinson Profesor Emérito de Historia de los Estados Unidos, de la Universidad de Stanford, California.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Oct 2003
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1020-8194
    From: UNRISD