1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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"Living for the Sake of Living": Partnerships between the Poor and Local Government in Johannesburg



La democracia de Sudáfrica, consecuencia de la movilización popular, apenas ha cumplido diez años. La lucha contra el apartheid movilizó a cientos de miles de sudafricanos, que se unieron no sólo en torno a los objetivos políticos de libertad y igualdad, sino también para luchar contra su propia exclusión de la toma de decisiones y la prestación de servicios en el plano local. Las asociaciones cívicas, que desempeñaron un papel destacado en el decenio de 1980, movilizaron a la población en torno a lemas como “una ciudad, una base fiscal”, y recurrieron al boicoteo de los consumidores y del pago de los servicios para obligar a las autoridades y a las empresas locales a entablar negociaciones sobre la prestación de servicios. La libertad, la igualdad y el final del apartheid eran evidentemente los principales objetivos, pero fueron logrados a través de luchas comunitarias para conseguir la participación en el desarrollo local.

El apartheid terminó más a consecuencia de las negociaciones que del derrocamiento del régimen imperante; por lo tanto, tuvieron que hacerse numerosas concesiones tanto al régimen en el poder como al capital local e internacional. La redistribución drástica de la riqueza era imposible por muchos motivos. Así pues, el Congreso Nacional Africano y sus aliados, que constituyeron el gobierno después de 1994, tuvieron que adoptar una visión a largo plazo en la que la distribución y el crecimiento pudieran tener lugar simultáneamente, lo que exigía un marco nacional que orientara la inversión sobre la base de la equidad. Sin embargo, las asociaciones dependen de que las comunidades tengan el espacio y los recursos necesarios para generar y lograr sus propias ideas y objetivos. Para ello es necesario que el Estado maneje un justo equilibrio entre garantizar que los objetivos de sus políticas estén dirigidos hacia el desarrollo y, simultáneamente, hacer un espacio para el desarrollo impulsado por la población.

Tras finalizar el apartheid, el panorama racialmente delimitado se organizó en nueve provincias y, en 1995, en 843 unidades transitorias elegidas en la esfera local. Las primeras elecciones locales realmente democráticas se celebraron en 2000, después de que el Consejo Municipal de De­marcaciones reorganizara el país en 284 unidades de gobierno local, incluidos seis municipios metropolitanos, 47 municipios de distrito y 231 municipios locales. En otras palabras: si las relaciones intergubernamentales existen apenas desde hace diez años en Sudáfrica, podemos consi­derar que las autoridades locales—piedra angular de la prestación de servicios y la participa­ción comunitaria—apenas se están desarrollando.

El contexto para analizar las asociaciones entre las organizaciones para la población pobre y las autoridades locales está evolucionando y cambiando continuamente. El modelo de gobierno está elaborándose, y la sociedad civil también está cambiando. Las organizaciones sin afán lucrativo en Sudáfrica constituyen un sector dinámico y diversificado, cuyos gastos de explotación ascendieron a R9.3 mil millones en 1998. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) desempeñaron un papel fundamental en la lucha contra el apartheid, y aunque su importancia relativa ha disminuido desde 1994, el sector no lucrativo en su conjunto sigue siendo una característica primordial de la sociedad sudafricana.

En este documento, David Everatt, Graeme Gotz y Ross Jennings se centran en dos zonas geográficas: (i) el centro de Johannesburgo, y (ii) Tladi-Moletsane, un barrio periférico de Soweto. De todos los municipios de la provincia de Gauteng, el municipio metropolitano de la ciudad de Johannesburgo es el que cuenta con un mayor número de habitantes. Los indicadores de la pobreza muestran que esta zona se compone tanto de comunidades acaudaladas y bien atendidas, como de comunidades empobrecidas y desfavorecidas. Si bien es necesario mantener los niveles y la calidad de los servicios actuales, el auténtico desafío radica en hacer extensivos los servicios y la infraestructura a todos los habitantes de Johannesburgo.

Para hacer frente a estos desafíos, el municipio metropolitano de Johannesburgo se orienta tanto por la legislación nacional, como por la dinámica local. En particular, las limitaciones fiscales en el plano local han conducido a las autoridades de la ciudad a adoptar un enfoque que contemple la necesidad de un gobierno democrático y participativo, pero que principalmente se centre en generar crecimiento económico.

La cuestión que se plantea es si este enfoque es factible. ¿Existen tensiones o contradicciones inherentes a la aplicación de un enfoque basado en principios participativos que se rija al mis­mo tiempo por imperativos económicos?

El gobierno local se ubica en el centro de las estrategias de desarrollo urbano y rural del gobierno. Las asociaciones entre la población pobre y sus estructuras, por una parte, y las autoridades locales, por otra, son tan importantes, en el plano teórico, para un “gobierno local centrado en el desa­rrollo”, como los planes de desarrollo integrados—requeridos de cualquier autoridad local—en el plano práctico. El terreno político nunca ha propiciado tanto las asociaciones locales.

Sin embargo, la situación real en Tladi-Moletsane es muy diferente. La política y el activismo se han llegado a considerar vías para los ambiciosos, en lugar de mecanismos para lograr cambios en la situación. El desinterés y la apatía se han generalizado. La política sigue estando dominada por un clan selecto cuyos miembros pertenecen a la alta sociedad; pero incluso en este caso hay problemas, y la población rica participa cada vez menos en los asuntos locales.

Las diferencias de clase se reflejan en las organizaciones locales. Las zonas acondicionadas cuentan con una asociación cívica local, apenas relacionada con las asociaciones cívicas creadas por los habitantes de los suburbios de Tladi y a las que no apoyan activamente. El asesor local reproduce estas diferencias, al mantener buenas relaciones con las empresas locales y utilizar a un miembro joven de su personal para visitar las zonas acondicionadas, pero evitando los suburbios.

Diez años de democracia proporcionaron algunos beneficios tangibles a los residentes de Tladi-Moletsane: grifos y retretes públicos para los suburbios, y casas y carreteras alquitranadas para los habitantes de las áreas favorecidas. Las expectativas probablemente no fueron realistas y tal vez tengan razón los observadores que perciben más una continuidad que un cambio de “apartheid urbano” a “postapartheid”. En cualquier caso, la actitud general en Tladi-Moletsane es desalentadora.

Sin embargo, existe alguna evidencia de iniciativas locales emprendidas por pequeñas organizaciones comunitarias locales y por personas interesadas. Estructuras que anteriormente habían sido predominantes, como la asociación cívica local, habían desaparecido o se habían relegado a un segundo plano; asimismo, también hay evidencia de que las estructuras del gobierno local se consideran como el instrumento para introducir cambios. Los habitantes de los suburbios de Tladi, por ejemplo, crearon su propia comité de barrio que se encarga del agua, el alcantarillado y la electrificación. Aunque se muestran escépticos con respecto a sus posibilidades de éxito, es importante que estén desplegando esfuerzos por utilizar los mecanismos que se les ha facilitado en el marco de la democratización del gobierno local. Los autores de este documento no han identificado ninguna asociación con organizaciones comunitarias u ONG más grandes, ni con el consejo municipal. El terreno político puede ser favorable, pero urge llevar a cabo una moviliza­ción y una educación en el plano local para que la política se transforme en iniciativas tangibles y sostenibles.

En cambio, el estudio de caso del centro de Johannesburgo nos muestra cómo los recursos económicos en declive de las asociaciones entre la ciudad y la comunidad ilustra en qué medida los cambios dentro de la administración de la ciudad y la organización comunitaria pueden afectar las perspectivas de futuras asociaciones. Un entorno económico y social en rápida mutación ha obligado a las autoridades de la ciudad a administrar el centro de la ciudad de un modo menos propicio para las asociaciones, y ha influido asimismo en las iniciativas y organizaciones del sector voluntario convencional que, en los barrios cada vez más polémicos, inestables e inescrutables que constituyen el centro de la ciudad, hay poca motivación para actuar como lo hacían antaño.

A juicio de los autores, el futuro de las asociaciones parece pesimista y es difícil prever las consecuencias de futuros cambios en el centro de la ciudad para el establecimiento de asociaciones más fructíferas y viables. En la actualidad, las asociaciones de mayor éxito parecen ser las relacionadas con proyectos basados y dirigidos a zonas geográficas específicas, aprovechando las facilidades ofrecidas por el gobierno para organizaciones ya establecidas con la finalidad de prestar nuevos servicios a sus comunidades.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Dec 2004
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1020-8186
    From: UNRISD