1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Back | Programa: Sociedad civil y movimientos sociales

Social Movements, Activism and Social Development in the Middle East



¿En qué medida es la “presión desde abajo” una condición para un cambio político significativo y para una reforma institucional conducente al desarrollo social, así como para los medios de vida y los derechos de las personas, en el Oriente Medio? ¿Qué formas de activismo están adquiriendo importancia en el periodo actual de reestructuración socioeconómica de la región?
    Anteriormente a la reestructuración político-económica que tuvo lugar en el decenio de 1980, los países del Oriente Medio estaban fundamentalmente dominados por Estados populistas nacionalistas (Egipto, Irak, Libia, Siria) o por estados rentistas en pro de Occidente (los Estados árabes petrolíferos, Irán). Estos Estados autoritarios seguían una estrategia de desarrollo económico dirigida por el Estado. Los ingresos del petróleo brindaban a los Estados rentistas la posibilidad de ofrecer prestaciones sociales; y los Estados populistas regidos ideológicamente invertían una parte importante del bienestar económico y social en la enseñanza, la atención a la salud, el empleo, la vivienda, etc. Sin embargo, la naturaleza opresiva de ambos tipos de Estados limitaba la participación política y el desarrollo de las organizaciones de la sociedad civil. En muchos casos se produjo una desmovilización o, en el mejor de los casos, una movilización controlada de determinados sectores de la población. Estas economías políticas acabaron entonces con toda tentativa de fomentar las instituciones o la cultura participativas.
      La llegada de la liberalización y la comercialización en la década de 1980 supuso importantes cambios socioeconómicos. La economía de libre mercado ha conducido a que pueda disponerse de los productos básicos del consumidor y ha enriquecido las capas más altas de la sociedad, aumentando al mismo tiempo la desigualdad de ingresos. Se han menoscabado las prestaciones del Estado, y los pobres deben confiar únicamente en sí mismos para poder sobrevivir. Entre-tanto, los conceptos mundializados de los derechos humanos y la participación política han lo-grado que se introduzcan en los programas políticos los derechos económicos y la participación de los ciudadanos, abriendo nuevas esferas para la movilización social.

      Las respuestas colectivas a estas nuevas condiciones han sido diversas. El uso de estrategias para hacer frente a la situación y las protestas urbanas masivas sobre el coste de la vida fueron las primeras reacciones contra algunos aspectos de las políticas neoliberales en la década de 1980, como en los casos de Egipto, Jordania, Líbano, Marruecos, Sudán y Túnez. Sin embargo, los levantamientos urbanos parecen haber conducido a la aplicación de métodos institucionales en el decenio de 1990 para abordar el problema de la austeridad. Si bien los sindicatos siguen reivindicando ajustes en lo que concierne al nivel de vida—oponiéndose a varios aspectos de las políticas de ajuste estructural—estos sólo representan una pequeña parte de la fuerza de trabajo total en la región. La gran mayoría de las clases trabajadoras sigue dispersa en la economía informal urbana. En general, los sindicatos no han logrado vincular las preocupaciones comuni-tarias con las del lugar de trabajo, por lo que posiblemente los movimientos populares urbanos puedan emprender más fácilmente una acción colectiva en la comunidad o barrio que en el lugar de trabajo. En su mayoría, las personas deben hacer frente a los mismos desafíos de la vida cotidiana: encontrar una vivienda segura, asegurarse de poder pagar el alquiler, lograr comodidades urbanas, y poder acceder a escuelas, clínicas y centros culturales adecuados. Las luchas comunitarias por dicho “consumo colectivo” mediante regímenes institucionales caracte-rizan, en cierto modo, los “movimientos sociales urbanos”. Sin embargo, en el Oriente Medio es infrecuente un activismo comunitario que adopte la forma de movimiento social urbano. Las cocinas populares, las asociaciones de vecinos, los grupos de fieles de las iglesias o el sindica-lismo callejero apenas son características comunes en la región. El predominio de Estados autori-tarios e ineficaces, el legado del populismo, y los fuertes vínculos familiares o de paren-tesco conducen a que las solidaridades primarias sean más importantes que las asociaciones y movimientos sociales secundarios.

      Sin embargo, hay un argumento que considera los movimientos islamistas de la región como la versión del Oriente Medio de los movimientos sociales urbanos. Indudablemente, los movi-mientos islamistas—en particular el Islam social—representan un medio importante para que algunos grupos desfavorecidos superen sus penurias y mejoren sus condiciones de vida. Estos movimientos contribuyen al bienestar social, no sólo mediante la prestación de servicios y asistencia a los necesitados, sino que también tienden a obligar a los grupos e instituciones sociales rivales a actuar del mismo modo, como los organismos estatales y las ONG seculares. A pesar de estas contribuciones, es dudoso que el islamismo pueda movilizarse a nivel popular para el desarrollo social. Su exclusivismo religioso, su discriminación contra las fuerzas secula-res y las minorías religiosas, así como contra las mujeres que comulgan con el islamismo, excluyen toda idea de participación libre.

      ¿Compensa la explosión de las ONG en la región la retirada parcial del Estado y la deficiencia del Islam político en movilizarse a nivel popular para el desarrollo social? Indudablemente, debido a su pequeña talla, su eficacia y su compromiso con la causa de los pobres, las ONG se consideran un medio real de la participación popular en el desarrollo. A veces se consideran un baluarte contra la extensión progresiva del fundamentalismo islámico, al ofrecer una salida alternativa al programa islamista. Por lo general se destaca el papel fundamental que desempe-ñan las ONG en la red de seguridad social de las naciones y como proveedor importante de servicios valiosos. Esto parece cierto particularmente en los países donde el Estado ha desapare-cido o es inexistente—como en Líbano durante la guerra civil y en Palestina. Sin embargo, el desarrollo social es algo más que la supervivencia, el alivio y una red de seguridad. También significa adquirir determinados derechos sociales y económicos, y el autoabastecimiento, que puede lograrse cuando predominan la movilización y la participación. Pero las ONG del Oriente Medio generalmente no logran facilitar estas condiciones. Independientemente de razo-nes culturales y estructurales—como el clientelismo y la jerarquía—el problema reside en que a menudo se atribuye a las ONG cualidades y capacidades de desarrollo de que carecen. Sin em-bargo, las condiciones socioeconómicas del Oriente Medio parecen conducir a una forma particular de activismo—a una reacción popular que denomino “el avance sigiloso de las perso-nas ordinarias”. Esto se refiere a acciones directas no colectivas emprendidas por individuos y familias para adquirir las necesidades fundamentales (tierra, vivienda, consumo urbano colec-tivo, trabajos informales y oportunidades comerciales) de un modo sigiloso y desentendido.

      Si bien el avance sigiloso es más antiguo, la expansión del islamismo y de las ONG fue mayor en la década de 1980 y, en particular, de 1990. El crecimiento de estas formas de activismo (junto con los movimientos sociales asociados a las mujeres y los derechos humanos) coincide con el declive relativo de los movimientos tradicionales, basados en las clases—especialmente, las organizaciones de campesinos, los movimientos cooperativos y el sindicalismo. Entretanto, la informalización económica y la urbanización crecientes en el Oriente Medio dan lugar a que cambien las necesidades y las reivindicaciones. La lucha por los salarios, por ejemplo, perdió terreno ante preocupaciones mayores por los trabajos, condiciones de trabajo, coste de la vida y consumo urbano colectivo, atención sanitaria, educación y el transporte. Así aparece un rasgo destacado del activismo popular en la región (aspectos que pueden observarse en otros lugares): no se caracteriza tanto por los movimientos reivindicativos como por la acción directa, tanto a nivel individual, informal o institucional. Los grupos populares y los defensores de las clases medias se dan a conocer mediante la acción directa; crean realidades sobre la base de que las autoridades tendrán que avenirse, más tarde o más temprano, a ajustar sus políticas a las circunstancias. En breve “la presión desde abajo” en la experiencia del Oriente Medio reviste una gran importancia para el desarrollo social. Dado que los Estados se han desentendido gradualmente de sus responsabilidades sociales tradicionales, la situación de los pobres del Oriente Medio sería peor, si no hubiera habido acciones populares.
      • Publication and ordering details
      • Pub. Date: 1 Nov 2000
        Pub. Place: Geneva
        ISSN: 1020-8178
        From: UNRISD