1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

  • 0
  • 0

Back | Programa: Los efectos sociales de la mundialización

Land Reform and Gender in Post-Apartheid South Africa



por género como meta a largo plazo, lo cual implica dirigirse hacia las mujeres considerándolas como una categoría fundamental de beneficiarios a corto y mediano plazos. En los tres componentes del programa de reforma agraria: (i) redistribución de la tierra, (ii) restitución de tierras, y (iii) reforma en la tenencia agraria, se incluyen aspectos relacionados con la distinción por género. El compromiso para lograr la igualdad en la distinción por género surge del reconocimiento de que a las mujeres del medio rural les ha sido negado sistemáticamente el acceso a la tierra y al control que se ejerza sobre esta misma, como resultado de políticas agrarias y laborales que anteriormente se sustentaban en la discriminación racial así como en las estructuras patriarcales de autoridad. El diseño de la estrategia de reforma agraria es difícil por varias razones, tres de las cuales se subrayan a continuación.

Falta de capacidad
Es posible que la restricción más importante se resuma en una frase muy de moda en Sudáfrica, en el decenio de los 90: “falta de capacidad” de parte del gobierno. La gravedad del problema se advierte en el hecho de que el Departamento de Asuntos Agrarios (DAA) no es capaz de gastarse todos los fondos que le fueron asignados para adquirir tierras (fondos cuya suma, de acuerdo con un funcionario del Departamento, en 1995 sólo llegaba al 0.3 por ciento de todo el presupuesto gubernamental). Unicamente en el rubro de restitución de tierras hay más de 23 000 reclamaciones, cada una de las cuales debe pasar por un complejo proceso de registro, verificación y negociación. Los sistemas requeridos para llevar a cabo estas labores deben ser elaborados de la nada, con la mayoría del personal aprendiendo sobre la marcha. La ejecución se complica aún más debido a la fragmentación del programa que está distribuido entre diversas estructuras burocráticas al interior del DAA. La presión para que los casos pasen a la Corte de Reclamaciones Agrarias es enorme, y ello obliga a los funcionarios a tratar de resolver las reclamaciones con suma rapidez.

A menudo, los empleados de gobierno no están bien preparados para fomentar una mayor toma de conciencia sobre asuntos delicados. No hay, por ejemplo, lineamientos detallados sobre la forma de asegurarse de que no se margine a las mujeres en los procesos de reforma agraria. Más aún, la actitud en el campo puede ser de hostilidad hacia las intervenciones bien intencionadas. Por lo general, la dinámica de las relaciones sociales en las comunidades suele ser muy compleja, habiendo contrademandas y pugnas internas que con frecuencia estallan de manera grave y sumamente debilitadora, o quedan en condición latente, que es menos dramática pero igualmente destructiva. La falta de una dirección firme en la elaboración de políticas y en la capacitación (así como la escasez de expertos instructores), se agrava por los bajos niveles de sensibilidad de muchos funcionarios, en lo que se refiere a la dinámica de la distinción por género; todo lo cual debilita la capacidad para cumplir con las metas de los programas de reforma agraria.

Estructuras tradicionales de poder
La segunda restricción clave se relaciona con el peso de las actitudes patriarcales, así como con la renuencia por parte del gobierno a interceder activamente para reducir el poder que tienen las autoridades tradicionales al nivel de la comunidad local. Las instituciones de gobierno rural todavía están en transición, con un nivel bajo de conflicto político (pero crucial desde el punto de vista de la distinción por género), sobre el grado de poder real que deben seguir teniendo los dirigentes tradicionales en torno a la asignación de recursos, incluida la tierra. Hay una situación de grave tensión debido al compromiso del gobierno para lograr la igualdad en lo que se refiere a la distinción por género por un lado, y su escasa disposición a enajenar esas renovadas estructuras tradicionales de gobierno rural, por el otro. No obstante que estas relaciones de poder patriarcales son menos monolíticas que en el pasado, están profundamente arraigadas en la sociedad rural. Muchas mujeres defienden la “tradición” como un baluarte del orden social y apoyan a las instituciones tradicionales de poder, tales como el cacicazgo. Sin embargo, ese tipo de apoyo no es incompatible con el interés real que ellas tienen (aunque no esté fuertemente articulado), para asegurarse de que se les reconozcan sus derechos agrarios. Las mujeres pueden estar de acuerdo con el cacicazgo como institución pero desaprueban los reclamos del cacique para controlar la asignación de las tierras adicionales que adquiera la comunidad.

Organización de las mujeres
La tercera restricción surge por la falta de una campaña enérgica de cabildeo en pro de los derechos agrarios de las mujeres en zonas rurales. La mayoría de las mujeres del campo, como la mayoría de los campesinos, consideran la tierra como un recurso social más que económico, y por ello tratan de conseguir empleos urbanos como vía de supervivencia y de mejoramiento económico del hogar. Ser agricultoras constituye frecuentemente uno de los elementos en el conjunto de estrategias que las mujeres desarrollan para asegurar su sobrevivencia y la de sus hijos. Sin embargo, no es lo que ellas consideran más benéfico por lo que se refiere a la generación de ingresos, y tampoco define la agricultura su interés por la tierra. El beneficio que las mujeres puedan obtener de la reforma agraria está condicionado también por su falta de conocimientos sobre las estructuras formales y sobre las oportunidades legales que hayan sido establecidas. Sin ello, es probable que el amplio objetivo de política, de lograr una mayor igualdad en la distinción por género mediante la reforma agraria, siga tomándose en cuenta más al nivel teórico que al de la práctica.

Dadas las limitaciones que tiene el gobierno en el desarrollo de la comunidad, las ONGs tienen una responsabilidad importante para educar a las mujeres campesinas acerca de las oportunidades que se están abriendo para ellas así como para ayudarles a establecer organizaciones femeniles a nivel local. A pesar de que hay algunas iniciativas alentadoras, el nivel de organización en general es bajo; y las propias ONGs están batallando para redefinir sus funciones en época posterior al apartheid y ante la reducción de financiamiento. Hay también un verdadero desfase entre la demanda por una reforma agraria rápida y el tiempo que se requiere para desarrollar la capacidad de las mujeres, a fin de que maximicen las oportunidades que sin duda la reforma agraria les ofrece.

Aunque sea demasiado pronto para juzgar el éxito del programa de reforma agraria, puede señalarse que no hay absolutamente ninguna base para estar satisfechos. Las posibilidades de que se destine el máximo de recursos a dicho programa y que se le dé una mayor importancia política en los próximos años son mínimas, aunque se puede prever que habrá un aumento en la retórica relacionada con la reforma agraria, en la medida en que se aproximen las elecciones de 1999 y los programas gubernamentales despierten una mayor atención.

Lo que ya se ha logrado es positivo por el énfasis que se le ha dado a la igualdad entre hombres y mujeres como uno de los principios básicos de la política gubernamental. Las oportunidades para que las mujeres mejoren y protejan sus derechos agrarios son reales, aunque no halla suficientes adalides para ayudarlas en este proceso. Y las restricciones a la ejecución de la reforma agraria son evidentes pero no son nuevas; tampoco constituyen problemas insalvables sino desafíos a enfrentar, construyendo sobre lo que ya se haya cimentado.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Oct 1998
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1012-6511
    From: UNRISD