1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Gender in the World Bank's Poverty Assessments: Six Case Studies from Sub-Saharan Africa



Desde finales de los años 80, las Evaluaciones de la Pobreza (EP) del Banco Mundial han surgido como las afirmaciones más importantes con respecto a la pobreza en determinados países. Este documento examina con cierto detenimiento y desde una perspectiva que toma nota de las distinciones entre el hombre y la mujer en la sociedad, un conjunto de EP aplicadas en cuatro países del África subsahariana, concentrándose particularmente en la descripción y el análisis de la pobreza en las zonas rurales. El documento comienza con una visión general de las formas y la medida en que, las mujeres y/o las cuestiones relativas a las diferencias de trato por razón de sexo están presentes en las Evaluaciones de la Pobreza. El cuadro panorámico es de inconsistencias, fragmentación y brechas, tanto entre los seis ejemplos que se examinan como en los informes mismos de cada país. Sin duda, la forma más corriente en que las mujeres figuran en las EP es en su representación como jefas de familia. Cuando la distinción social y cultural entre hombre y mujer no se ignora, se le “da visibilidad” en muchas y diversas maneras, y los conceptos por razón de sexo que se emplean, son muy dispares. Algunas EP se expresan en función de “la mujer”, otras utilizan el lenguaje de “género” y, sin embargo, otras abarcan un elaborado surtido de conceptos, entre ellos: división laboral por distinción hombre/mujer, las relaciones entre los sexos, discriminación por razón de género, etc. No se intenta ninguna gestión para sistematizar el análisis basado en el género. Las últimas secciones, sobre la política de las EP, llaman la atención por la ausencia o la escasa discusión de las cuestiones relativas a las diferencias de trato por razón de sexo.

Las inconsistencias entre las EP indican que los equipos de cada país actuaban con buen grado de autonomía para interpretar y dar prioridad a las cuestiones relacionadas con el género, y la sección 3 del documento examina el contexto institucional y de organización en el cual se elaboraron las evaluaciones. Se investigan los orígenes de las EP en el informe de desarrollo mundial World Development Report de 1990, la organización y la composición de los equipos de cada país, y los procedimientos que se siguieron para producir las EP. Si bien, los equipos nacionales procedían con bastante autonomía en el diseño de sus EP, éstos recibieron orientación en la política y el análisis de medición de la pobreza en dos importantes documentos del Banco Mundial: el manual sobre reducción de la pobreza (Poverty Reduction Handbook, 1992a) y la directiva sobre las operaciones para la reducción de la pobreza (Opertional Directive on Poverty Reduction ó OD 4.15, 1991). Dichos documentos no contienen prácticamente ningún análisis de género y sólo una limitada gama de sugerencias no sistemáticas sobre dónde podrían los equipos señalar a la mujer. En consecuencia, los diferentes jefes de tareas sopesaron de manera distinta la importancia de la distinción por género, y los diversos equipos tendieron a incorporar sus propios enfoques en las cuestiones que atañen a la distinción por género.

Ante la ausencia de un marco analítico claro para entender las cuestiones de la distinción por género, así como la ausencia de una guía más detallada para cómo producir un perfil de pobreza que tenga en cuenta el sexo, las EP tratan, de hecho, la distinción por género de dos maneras: por una parte, mediante un conjunto de opciones epistemológicas y metodológicas acerca de la medición de la pobreza, y, por otra, mediante un compuesto de prescripciones para reducir la pobreza que originó en el World Development Report de 1990.

Las secciones 4 y 5 se ocupan primordialmente de la evidencia empírica recogida en los perfiles de pobreza y preguntan por qué la distinción por género aparece como aparece, o, en realidad, por qué de cierta manera se le “quita visibilidad”. Mientras todas las EP emplearon datos recogidos en encuestas domiciliarias que utilizaron como unidades para establecer las líneas de pobreza nacionales, algunos se sirvieron también de otras fuentes que incluyeron evidencia recogida con técnicas participativas. Las encuestas domiciliarias proporcionan raramente datos sobre las diferencias que se dan dentro del hogar entre el hombre y la mujer–por ejemplo, lo tocante a ingresos. Los enfoques participativos tienen mayor potencial para sacar a relucir las cuestiones relativas a la distinción por género, pero se han utilizado más que nada en apoyo de los resultados de las encuestas nacionales. Por ende, incluso cuando los primeros resultados de las encuestas sobre pobreza obtenidos por medios participativos, incluían resultados en materia de género, éstos con frecuencia han brillado por su ausencia en el informe final.

La sección 6 pregunta por qué las cuestiones relacionadas con el género aparecen como aparecen (o, nuevamente, se les “quita visibilidad”) en el análisis de la política aplicada por las EP. En la mayoría de las Evaluaciones de la Pobreza, se observan considerables brechas a medida que avanzamos desde alguna evidencia de la posible presencia de cuestiones relativas al género o la pobreza, hacia el análisis de la política. Al contrario de los perfiles de pobreza de un país específico, las partes relativas a la política de las EP están fuertemente influenciadas por el análisis de las evaluaciones de los expertos en la materia y, por consiguiente, por el World Development Report de 1990 así como por las ideas que han ido evolucionando dentro del Banco Mundial con respecto a la pobreza. Las ideas en materia de género, crecimiento económico y pobreza han cambiado a lo largo del tiempo, variando en particular, desde considerar que las mujeres son el epíteto de grupos vulnerables, donde son el blanco de las redes de seguridad social, hasta ser una preocupación contemporánea con vínculo entre educación femenina, desarrollo y pobreza.

Nuestra conclusión es que la evidencia acumulada en la literatura sobre desarrollo y cuestiones relacionadas con el género—concretamente, que los hombres y las mujeres experimentan la pobreza de forma distinta—ha tenido poca influencia sobre estos seis estudios de caso. Las EP carecen de toda apreciación de peso respecto de las cuestiones tratadas por el estudio sobre la distinción por género y la pobreza en África en las dos últimas décadas. Contrastamos enfoques que tratan la pobreza de manera estática, como análisis de categorías y características, con aquellos que adoptan un análisis dinámico de la pobreza, viéndola como los procesos relacionales de empobrecimiento o acumulación. El vínculo entre género y pobreza se encuentra en el ámbito de proceso, y de las relaciones de orden social y económico. A fin de que se establezca este vínculo, sugerimos que la pobreza debe analizarse como relación y proceso, y de la misma forma la distinción por género. La conclusión determinante del documento es que es imposible integrar las cuestiones relativas al género en un entendimiento de la pobreza, a menos que la lectura de la evidencia, análisis y política se basen en estos procesos relacionales de empobrecimiento y acumulación.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Jun 1999
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1012-6511
    From: UNRISD