1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Environmental Movements, Politics and Agenda 21 in Latin America



El escaso interés y la falta de apoyo prestado por los gobiernos latinoamericanos, las organizaciónes no gubernamentales (ONG) y los movimientos sociales a la Programa 21—el programa oficial y principal adoptado en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre para la Tierra, Río de Janeiro, 1992)—obedecen en parte a las crisis económicas, sociales y políticas de la región, que han establecido prioridades distintas de las estipuladas en la Programa 21. Las cuestiones de principal interés en la región en el último decenio han sido la pobreza y la estabilidad política; no el desarrollo sostenible. Otro obstáculo para el fomento de la Programa 21 es el hecho de que el desarrollo sostenible y la democracia participativa son conceptos tan amplios que impiden que exista un acuerdo sobre su significado entre los gobiernos latinoamericanos, las ONG y los movimientos sociales—ni siquiera dentro de las ONG y los movimientos sociales.

En este documento se analizan los valores, expectativas y propuestas de los gobiernos latinoamericanos, y de las organizaciones y movimientos medioambientales y sociales en este contexto; en un esfuerzo por identificar los principios y los modelos políticos y económicos que éstos proponen para lograr el desarrollo sostenible. Se muestran la divergencia de perspectivas y las dificultades que conlleva alcanzar una agenda de común acuerdo. Este análisis ilustra que los valores, expectativas y exigencias de las ONG y los movimientos sociales son muy heterogéneos: algunos denuncian la mundialización económica, el libre comercio, la privatización, y la acentuación de la pobreza y las desigualdades sociales como causas de los problemas medioambientales, mientras que otros se centran en las cuestiones ecológicas sin tener en cuenta las causas sociopolíticas; algunos aceptan la Programa 21 como base para el diálogo con los gobiernos y las instituciones multilaterales internacionales y como punto de partida para solucionar dichos problemas, mientras que otros la rechazan sobre la base de una crítica de fondo, y no sólo del modelo económico predominante, sino también del “modelo de civilización”, y proponen una agenda alternativa. Los datos y la información para establecer esta comparación se derivan fundamentalmente de un análisis del contenido de las agendas oficiales y alternativas adoptadas en Río de Janeiro, así como de múltiples documentos oficiales y alternativos procedentes de reuniones celebradas entre 1992 y 2002, como la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Período extraordinario de sesiones de la Asamblea General para el Examen y la Evaluación de la Aplicación del Programa 21 (Cumbre para la Tierra+5), el Foro Mundial Social (Porto Alegre) y reuniones preparatorias para la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (Cumbre de Johannesburgo).

Diez años después de la Cumbre para la Tierra, la Programa a 21 orientó los objetivos, la práctica y las propuestas de política de instituciones y gobiernos internacionales, pero faltaron los espacios, mecanismos, valores y agendas que podrían haber ganado el apoyo de los gobiernos latinoamericanos y movimientos sociales hacia el desarrollo sostenible. Así pues, la autora afirma que los principales desafíos de la Cumbre de Johannesburgo fueron la creación de nuevos espacios para que la sociedad civil participara en el proceso de toma de decisiones, y la promoción de un diálogo sobre el tipo de desarrollo deseado para el decenio siguiente. Según la autora, la lógica instrumentalista “tecno-científica” sobre la que se asienta la Programa 21, excluye los principios, objetivos y propuestas de un importante grupo de organizaciones y movimientos sociales. Por sí sola, no proporciona las bases para un acuerdo democrático. Un diálogo amplio centrado en el desarrollo sostenible debe tener un enfoque humanístico, en lugar de basarse en la tecnología o en el crecimiento económico propiamente dicho. También debe asentarse en una de las características de la democracia—es decir, en su pluralismo—que supone el reconocimiento y la aceptación de la gran diversidad de creencias y valores que tienen los seres humanos. Para que esto sea posible, todas las partes deben tener un poder de negociación similar. Dado que éste no es el caso de los movimientos sociales, es preciso que estas organizaciones se empoderen a sí mismas a través del refuerzo de sus redes establecidas, creando de este modo un espacio que les permita participar en la construcción colectiva y democrática de un marco viable y equitativo para el desarrollo sostenible.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 3 Oct 2005
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1020-8178
    From: UNRISD