1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Gender Justice, Development and Rights



En el decenio de 1990, que marcó un hito en el movimiento internacional de los derechos humanos, se produjeron cambios positivos con respecto a los derechos de las mujeres y a los derechos humanos en un sentido más amplio. El colapso de los regímenes autoritarios en muchas partes del mundo impulsaron considerablemente las cuestiones de los derechos y de la democracia. En este decenio, el movimiento internacional de las mujeres adquirió más importancia e influencia, al estar vinculado a través de redes regionales e internacionales y poder colaborar en cuestiones de política y relativas al establecimiento de la agenda. Al mismo tiempo, la transición del régimen autoritario en muchas regiones brindó a los movimientos de las mujeres la oportunidad de ejercer presión para la introducción de una reforma política y legal a nivel nacional.

Sin embargo, en gran parte del mundo, estos progresos en materia de derechos políticos y legales no se vieron reflejados en grandes progresos con respecto a la consecución de una mayor justicia social. En muchos países, la creciente desigualdad de ingresos y la extensión de la pobreza se han visto acompañadas por una tasa de criminalidad y violencia sin precedentes. Los Estados están renunciando a numerosas responsabilidades en los ámbitos de la política económica y social, precisamente cuando más se necesitan para coordinar la prestación de servicios a nivel publico y privado. El bienestar, en el marco de los nuevos programas, ha sido proporcionado de manera absolutamente inadecuada o, cuando menos, irregular.

El balance ambivalente del decenio de 1990 estriba en el fundamento de la agenda política internacional, basada en dos elementos centrales, a saber, la consolidación de un modelo de desarrollo impulsado por el mercado, y un mayor énfasis en la democracia y los derechos. La medida en que estos dos elementos pueden conciliarse o enfrentarse ha sido un tema muy discutido por expertos y políticos. En esta compilación de estudios teóricos y empíricos se examina dicho balance ambivalente, así como la importancia que las cuestiones de los derechos humanos y de la democracia han adquirido en el plano de la política internacional desde que acabó la Guerra Fría. Los estudios abordan algunas de las cuestiones más urgentes y controvertidas en la actualidad – políticas neoliberales, democracia y multiculturalismo - abriendo así un debate sobre la naturaleza del liberalismo propiamente dicho en una era en que éste ha adquirido supremacía mundial. Dichas cuestiones se abordan desde dos perspectivas que nos muestran el liberalismo contemporáneo bajo otro aspecto. En primer lugar, los estudios analizan los procesos políticos y de formulación de políticas desde el “prisma del género”, al objeto de ilustrar las formas en que los derechos liberales, y las ideas de la democracia y la justicia, se han incluido en las agendas políticas de los movimientos de las mujeres y los Estados. En segundo lugar, analizan, desde una perspectiva multicultural, las formas modernas de gobierno, examinando los modos en que el liberalismo - el sistema de valores dominante en el mundo moderno - existe y encuentra resistencia en diversos entornos culturales.

La reestructuración del sector social y los derechos sociales
Si los Estados tienen el deber de establecer los prerrequisitos materiales e institucionales para asegurar el respeto de los derechos humanos, entonces debe reconocerse que los servicios sociales son el principal campo de acción del Estado. Sin embargo, la naturaleza y el alcance de la responsabilidad del sector público con respecto a los servicios sociales es muy variable, incluso en estados de bienestar, por no mencionar en los países en desarrollo y en aquellos que atraviesan la etapa posterior a la transición. Si bien una perspectiva más amplia de la reforma del bienestar en diversas regiones precisaría una investigación empírica comparativa más detallada que la actual, los estudios de caso de Chile, India y Polonia plantean serios problemas. En estos países, las reformas de las políticas económicas y sociales están reestructurando los derechos de las mujeres de distintas maneras. En algunos contextos, las reformas políticas amenazan con menoscabar los progresos sociales ya logrados por las mismas - si bien a menudo se opone resistencia a estas reformas. En los demás países, dichas reformas niegan incluso la posibilidad de ofrecer, progresivamente y sin discriminación, trabajos decentes y servicios públicos, así como amplios sistemas de seguridad social.

Si bien los nuevos regímenes de bienestar tienen algunas ventajas, como la participación de la sociedad civil en la facilitación del bienestar, el alivio de la pobreza a menudo depende de una fuerza laboral, no regulada, no remunerada o con niveles salariales ínfimos, integrada fundamentalmente por mujeres. Además, se pueden cuestionar la conveniencia de la cobertura y la calidad de los servicios prestados. Algunos temen que esto pueda provocar la división del sistema de bienestar “universal” en múltiples servicios de muy diversa índole que seguirían perjudicando a los grupos sociales menos favorecidos, y desplegando poco esfuerzos para subsanar las desigualdades endémicas en el sistema.

La democratización y la política en materia de género
El Estado es y debe seguir siendo el instrumento central para la protección de los derechos. Cuando los movimientos de las mujeres enfocaron su interés en las cuestiones de derechos en el decenio de 1990, comenzaron a involucrarse con el Estado como activistas de derechos y como participantes en el gobierno. Sin embargo, en los casos de estudio de Irán, Perú, Uganda y Sudáfrica, se observa que esta incorporación fue parcial y que los movimientos de las mujeres fueron asimilados con frecuencia por los regímenes autoritarios. Por consiguiente, ¿en qué circunstancias puede institucionalizarse entonces el acceso de las mujeres a la política y la promoción de políticas encaminadas a promover la igualdad de género? El hecho de que los Estados hayan ampliado o reducido los derechos de las mujeres no puede explicarse en términos de una sola variable, aunque las instituciones y procedimientos democráticos generalmente fomentan la participación e intervención de las fuerzas sociales que ejercen presión para el establecimiento de la reforma. Sin embargo, si bien muchos países se identifican actualmente como democracias, y han establecido instituciones en representación del gobierno, el grado en que se ha consolidado e institucionalizado la democracia varía considerablemente.

En los diversos contextos de los estudios encomendados, las mujeres han logrado convertirse en una fuerza política visible en los últimos años, como personas y como grupo social, incluso en circunstancias en que se niega a las mismas - en algunos casos, radicalmente - su participación y representación política. Sin embargo, en este último caso, los movimientos de las mujeres corren el riesgo de ser asimilados por los Estados y de perder en consecuencia su capacidad de representación y de proponer programas de reforma radical.

El multiculturalismo en la práctica
Tres estudios de caso encomendados en el marco del proyecto - Malasia, México y Uganda - nos invitan a considerar hasta qué punto son pertinentes para los países en desarrollo los debates que, en gran medida, han tenido lugar en los diferentes contextos de las democracias liberales. En estas últimas, el problema principal ha sido cómo armonizar las reivindicaciones de las minorías étnicas con los principios liberales de la igualdad de oportunidades, la tolerancia y la no discriminación. Cuando estos principios están consagrados en la legislación, es lógico esperar que las políticas sean coherentes con aquellos y, en caso contrario, los procesos de reivindicación democrática pueden servir para formular o corregirlas tales políticas. Sin embargo, en sociedades socialmente divididas dirigidas por elites autoritarias, estas condiciones legales y políticas generalmente no prevalecen; en estos casos, las políticas multiculturales más bien sirven para obstaculizar las reclamaciones en materia de igualdad que para impulsar las mismas.

El feminismo y el multiculturalismo pueden coincidir en su crítica del “liberalismo basado en la inadvertencia de las diferencias”, pero varía la medida en que sus defensores adaptan sus respectivas reclamaciones. Esto depende, en cierto modo, de la influencia política y de las facultades de interpretación de ambos movimientos. En los últimos años, los intereses a menudo divergentes del feminismo y el multiculturalismo han influido en la legislación internacional sobre los derechos humanos y en otros ámbitos políticos. Los aspectos en que ambas posturas convergen constituyen una base para un diálogo productivo. En la práctica, sin embargo, el diálogo potencial está supeditado a factores políticos; el amplio margen permitido con respecto a la interpretación y aplicación de las diversas leyes puede facilitar efectivamente un diálogo productivo en la formulación de políticas, pero también puede provocar un conflicto aparentemente irreconciliable en torno a los principios fundamentales.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Jan 2003
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1020-8186
    From: UNRISD