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Iniciativas Campesinas y la Sostenibilidad de los Resultados de las Reformas Agrarias en América Central



Las reformas agrarias centroamericanas consideradas (Honduras, El Salvador y Nicaragua) se dieron en el marco de un fuerte proceso de expansión agroexportadora que América Central protagonizó entre los años cincuenta y fines de los años setenta (especializándose en la producción de algodón, caña de azúcar, palma africana, café, banano y ganado vacuno). Una consecuencia directa de esto se refleja en el hecho de que la base social principal se haya constituído de obreros agrícolas permanentes o estacionales.
Las transformaciones agrarias impulsadas por las reformas se concentraron en actividades agroexportadoras (plantaciones de café, caña de azúcar, banano, palma africana), tratando de elevar los rendimientos productivos, y acelerar los procesos de agroindustrialización, bajo formas de propiedad estatal o asociativa. De esta manera, se determina un doble proceso: por un lado, el desplazamiento de sectores propietarios y, por el otro, la creación de nuevas formas de organización del proceso de trabajo con empresas estatales con cierto grado de participación de los trabajadores directos en la gestión, o de unidades asociativas basadas en la propiedad y la gestión cooperativa.
Las coaliciones político-estatales que impulsaron los procesos de reforma agraria contaban con objetivos muy heterogéneos. Estos se extendían desde intentos de utilizar a la reforma agraria como un mecanismo de control del descontento rural y, a su vez, desplazar a los sectores propietarios que alimentaban esa radicalización popular con el apoyo activo de los Estados Unidos, hasta la creación de las bases agrarias para una transición al socialismo con el apoyo de los países socialistas. En todos los casos, las iniciativas obreras y campesinas—independientemente de su capacidad de presión y de movilización—estuvieron subordinadas a otras fracciones sociales.

Según datos recopilados a mediados de los años noventa, se observa que las reformas agrarias de El Salvador y de Nicaragua en sus distintas fases, tuvieron un peso significativo en cuanto a la proporción de tierras y de familias rurales incorporadas: un cuarto de las familias rurales y un tercio de la superficie en fincas. En Honduras, por otra parte, la intensidad fue menor, a pesar de que algunas de las iniciativas impulsadas en torno a las actividades bananeras y de palma africana se convirtieron en los ejemplos de empresas asociativas de reforma agraria más importantes de América Latina.
Debido a factores tales como las políticas de ajuste estructural propulsoras de la formación de mercados de tierras aplicadas desde mediados de los años ochenta, y profundos cambios en el frente político como la contención de los procesos revolucionarios de fines de los años ochenta y comienzos de los noventa, se configuró un escenario totalmente distinto para los resultados alcanzados por las reformas agrarias de los años setenta y ochenta. De esta manera, los sectores beneficiarios comenzaron a perder control sobre la tierra, el capital físico (maquinaria, equipos de riego, etc.) se deterioró en forma acelerada, y se redujo significativamente tanto el acceso al crédito bancario de desarrollo como a los servicios de asistencia técnica. Esto ha ocurrido independientemente del hecho de que en los años noventa en El Salvador y Nicaragua se continuó utilizando, en parte, la política de entrega de tierras a los sectores insurgentes y de los ejércitos nacionales desmovilizados luego de las guerras civiles.
En este marco desfavorable, las estrategias observadas por confederaciones nacionales, federaciones regionales o departamentales, y grupos locales de beneficiarios de la reforma agraria, han sido muy variadas. Muchas de estas estrategias han mostrado debilidades existentes desde el comienzo de estos procesos de reforma. Por ejemplo, en muchos casos, se ha hecho evidente la falta de involucramiento de los participantes en la autogestión de sus unidades de producción, principalmente porque la actitud prevalente entre ellos continuo siendo la de trabajadores agrícolas asalariados antes que de empresarios autogestionarios.
En los tres casos estudiados, una estrategia observada por importantes segmentos de beneficiarios ha sido la venta total o parcial de las tierras cuando las legislaciones neoliberales así lo permitieron. En el caso salvadoreño, esto sucedió debido a la fuerte presión que se ejerció sobre muchas cooperativas para vender la tierra para usos urbanos. Debido al avance de la urbanización y considerando que El Salvador es uno de los países con mayor densidad poblacional del planeta, la tierra adquirió precios muy elevados. En el caso hondureño, a comienzos de los noventa, importantes tierras e infraestructura del sector reformado fueron vendidas a las empresas trasnacionales bananeras. En Nicaragua, luego de 1990, importantes segmentos de cooperativas y de desmovilizados de la guerra civil, cedieron sus tierras a sectores terratenientes emergentes en ganadería y en cultivos tales como el café o no tradicionales (particularmente en las zonas del Pacífico norte del país).
En el marco de la estrategia de venta o arrendamiento de tierras por parte de los beneficiarios de la reforma agraria, cabe distinguir varios elementos. Parte de las ventas de tierras fueron hechas por grupos campesinos que deseaban disminuir sus deudas agrarias o bancarias, y continuar trabajando el resto de las tierras; algo similar ha ocurrido con aquellos que arrendaban tierras (notorio en los tres casos) debido a que carecían del capital de trabajo necesario para explotarlas. En consecuencia, el balance de este proceso de venta de tierras ha reducido significativamente las tierras originalmente contraladas, y puede, en el mediano plazo, reducir fuertemente los alcances de los procesos iniciales de reforma agraria.
La segunda estrategia, observada particularmente en Nicaragua, ha sido la individualización y parcelación de la tenencia de la tierra anteriormente explotada de manera colectiva. Estimaciones globales establecen que cerca del 90 por ciento de las cooperativas de producción colectivas nicaragüenses han parcelado total o parcialmente sus tierras, generando instancias intermedias en las cuales la tierra se explota de manera individual, pero persisten formas cooperativas para el uso de maquinaria, riego, equipos agroindustriales, comercialización y acceso al crédito.
La tercera estrategia se relaciona con el hecho de que muchos de los beneficiarios han sufrido cambios radicales en los sistemas y las técnicas de producción. Debieron pasar de esquemas de especialización productiva inspirados en la "primera" revolución verde, a esquemas donde se combinaban más intensamente la agricultura, la ganadería y las actividades forestales, tanto para la venta como para el sostenimiento del consumo familiar.
La cuarta estrategia, acontecida fundamentalmente en Honduras, ha sido la coinversión entre propietarios de tierras del sector reformado con inversores agroindustriales que facilitan créditos, procesan los productos y llevan a cabo la comercialización. Esto se observa en los principales valles del país alrededor de cultivos como la caña de azúcar y las hortalizas comerciales, y también en actividades comerciales de granos básicos.
La quinta estrategia, impulsada por las principales organizaciones gremiales del sector reformado como CONFRAS en El Salvador, UNAG/ECODEPA en Nicaragua y las cooperativas palmeras en Honduras, ha sido la búsqueda de la inserción en la agroindustria, la comercialización y el financiamiento de la producción agropecuaria, particularmente de exportación. En general, a fines de los años noventa, se observa que esta estrategia no ha rendido las expectativas que existían diez años atrás.

El balance final de las estrategias reseñadas presenta un panorama fuertemente inestable. Por una parte, es evidente que existe una tendencia importante a que por diversos mecanismos los beneficiarios estén cediendo tierras a otros sectores. Por otro lado, también se observan estrategias importantes de resistencia y consolidación. Generalmente, tienen lugar una vez que se han establecido mecanismos más flexibles de organización empresarial combinando formas semicolectivas e individuales de gestión directa de la producción; se han fortalecido los huertos familiares de autoconsumo; se han combinado las actividades agrícolas, ganaderas y forestales, y se ha fortalecido la generalización de técnicas de producción más sostenibles tanto dentro de las parcelas como en el espacio microregional. Por último, un segmento del antiguo sector reformado persiste sobre la base de alianzas con sectores empresariales privados, nacionales o multinacionales, en un equilibrio complejo debido a los riesgos de perder su propiedad a causa de las estrategias de estos sectores empresariales agroindustriales.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Jun 1999
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 1012-6511
    From: UNRISD