1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

  • 0
  • 0

Back | Programa: Sociedad civil y movimientos sociales

Grassroots Movements, Political Activism and Social Development in Latin America: A Comparison of Chile and Brazil



En este documento se examina la evolución de la actividad política popular en Latinoamérica, haciendo especial referencia a Chile y Brasil, y se evalúan sus efectos en la política y la práctica del desarrollo social. Se hace un seguimiento de esta trayectoria mediante la transición del ré-gimen autoritario al democrático, y se centra en la respuesta de las organizaciones populares al gobierno democrático y al surgimiento del neoliberalismo en el decenio de 1990.
    Se observa un declive o un cambio en la actividad del movimiento social propio del periodo autoritario, lo que conduce a un mayor énfasis en la negociación que en la movilización, y a la interacción y participación crecientes con los organismos estatales. Por el contrario, las Organi-zaciones no Gubernamentales (ONG) se multiplican o se hacen más visibles, pero en los ámbi-tos en que interactúan eficazmente con el Estado pueden subordinarse a la política estatal, y en los que no interactúan con el Estado pueden ser ineficaces. Las organizaciones populares logra-ron ejercer un cierto impacto en el desarrollo social en el decenio de 1990, pero este se reflejó más bien en la aplicación de políticas que en su elaboración, y era más probable que éste fuera parcial y desigual que exhaustivo o fundamental.
      Antes de la década de 1990, la actividad política popular ya era fundamentalmente urbana y orientada al Estado. Anteriormente a las transiciones democráticas, las reivindicaciones popula-res a menudo estaban impulsadas por preocupaciones locales y materiales, pero acababan ex-presándose como derechos. Con la transición a la democracia, el Estado sigue siendo centro de atención, pero se han perdido los efectos cohesivos de las reivindicaciones de derechos; y la combinación de democracia “elitista” con la política económica neoliberal ha conducido a las organizaciones populares a la marginación política.

      Estas tendencias se han compensado en parte por la proliferación de las ONG con fuentes ex-ternas de apoyo. Pero las propias ONG sufrieron una crisis con el declive o los programas li-mitados de la financiación externa. Esto supuso un grave dilema para las organizaciones populares, cuyas formas tradicionales de movilización no les permitían lograr sus objetivos políticos (el Movimiento de los Trabajadores sin Tierra (MST) de Brasil o las poblaciones Mapu-che de Chile) ni una relación más estrecha con el Estado (en particular las ONG que luchaban por su supervivencia financiera), lo que a menudo condujo a una cooptación total o parcial. Las organizaciones populares pueden prestar simplemente servicios sociales para el Estado (re-forma de la salud y la educación en Chile), o pueden separarse y ser desmovilizadas por dis-putas burocráticas (reforma de la salud en Brasil). En todos los casos, una participación más estrecha con los organismos estatales ha conducido a que las organizaciones queden expuestas al clientelismo y a la tiranía política.

      Las organizaciones populares de toda América Latina no pueden sobrevivir actualmente sin la financiación estatal. Pero esto va a menudo en detrimento de su capacidad de mantener una actitud crítica o de fomentar proyectos alternativos de desarrollo. Con o sin el Estado, éstas se preocupan cada vez más por su propia supervivencia financiera, a menudo en detrimento de los grupos de la población a los que deben servir. Muchas organizaciones desaparecen y los dirigentes populares se van a trabajar a otro lugar.

      Sin embargo, hay señales más esperanzadoras. El neoliberalismo también significa la reforma del sistema estatal, especialmente su descentralización, y a menudo fomenta nuevas formas de participación popular. Las organizaciones populares pueden empezar a dejar de prestar servicios y a influenciar la política social—al menos a nivel municipal. Además, las ONG en particular han empezado a formar asociaciones locales, nacionales e incluso internacionales para aprovechar al máximo estas oportunidades. Pero la descentralización no siempre logra acabar con la política del clientelismo—e incluso puede fortalecerla—por lo que sigue habiendo el riesgo de cooptación; y la política estatal puede tratar de fomentar la participación mediante la creación de sus propios “grupos de usuarios”, en lugar de responder a la actividad popular autónoma.

      En este análisis no se sugiere que la actividad política popular del decenio de 1990 carezca de importancia o sea totalmente ineficaz. Pero una visión realista debe reconocer que su influencia en la política social es progresiva, y que su función corresponde más bien al ámbito de la pres-tación de servicios sociales que al de la formulación de la política social propiamente dicha. Esto no es necesariamente negativo y puede ser una función totalmente apropiada en el contexto de la descentralización y la limitación financiera. Pero las organizaciones internacionales deberían tratar de identificar y fomentar aquellas organizaciones populares que puedan asumir la tarea del criticismo y la defensa, e impulsar así posibles futuros alternativos para el desarrollo social.
      • Publication and ordering details
      • Pub. Date: 1 Aug 2001
        Pub. Place: Geneva
        ISSN: 1020-8178
        From: UNRISD