1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Globalization and Social Development after Copenhagen: Premises, Promises and Policies



En este documento se explora el contexto social, económico e ideológico en el que tuvo lugar la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social. Como se da a entender en el subtítulo, la discusión se concentra especialmente en algunos de los supuestos que prevalecían en 1995 sobre las tendencias mundiales, y se hace una evaluación de su utilidad a la luz del curso real de los acontecimientos durante los cinco años subsiguientes.

La Cumbre fue concebida en un período cuando la ortodoxia neoliberal estaba en su apogeo. Muchos países estaban aplicando, voluntaria o involuntariamente, políticas de ajuste estructural que habían sido diseñadas por las instituciones derivadas de Bretton Woods, y que debilitaron sistemáticamente las estrategias de desarrollo nacional anteriores. Se recordaba insistentemente a la opinión pública que, en las multicitadas palabras de Margaret Thatcher, no había otra alternativa ante la revolución desatada por el libre mercado. La caída de la Unión Soviética fortaleció más aún dicho supuesto.

El argumento del neoliberalismo en contra de los modelos anteriores de desarrollo económico y social, se fortaleció todavía más por las referencias crecientes al proceso de “mundialización”, el cual se veía como un hecho inevitable de la vida económica contemporánea y no como resultado de políticas nacionales específicas que pudieran ser modificadas. Con ello se justificó un ataque amplio al estado de bienestar y, en realidad, a muchas de las formas parciales de previsión social del sector público, que se supuso no eran viables en el ámbito de un mercado internacional sumamente competitivo. Las nociones de equidad y justicia social se convirtieron en algo fuera de moda.

Un segundo rasgo del período que condujo hacia la Cumbre Social fue la homogeneización de las prescripciones de política económica que se aplicaron en una gran parte del mundo en desarrollo. El aspecto fundamental al que dichas prescripciones estaban atadas no era el crecimiento sino la estabilización; y en la mayoría de los casos empeoraron tanto la pobreza como la desigualdad. Pero las instituciones financieras internacionales utilizaron el espectacular comportamiento económico de varios países asiáticos (el famoso milagro asiático que por 1995 había entrado ya en su segunda década de crecimiento sostenido), para alegar que la insistencia en el mercado libre estaba plenamente justificada. Un tercer elemento en el clima de ideas que rodearon a la Cumbre fue, por lo tanto, un debate serio y constante sobre hasta dónde el éxito logrado en las economías asiáticas, era resultado de los principios del libre mercado. Los escépticos advertían que en aquellos países, el estado había tenido un papel importante en la protección y promoción de la industria nacional.

Cuarto, a mediados del decenio de los 90, fuera de Asia, el crecimiento económico renovado parecía ser inminente. Las estadísticas reflejaban una economía más saludable de lo que había sido en años anteriores. Y el surgimiento rápido de flujos financieros privados hacia algunos de los países en desarrollo permitía más aún que hubiera un cierto optimismo.

¿Cómo ha cambiado este tipo de ambiente en los últimos cinco años? Al nivel ideológico, el neoliberalismo está hoy siendo más criticado que en los días de la Cumbre. Al deterioro de los apuntalamientos teóricos y empíricos del modelo lo ha acompañado una oposición política creciente. En 1997, la caída de importantes economías asiáticas fue un golpe serio para aquellos que creían absolutamente en la liberalización financiera rápida; y el crecimiento lento siguió afligiendo a la mayoría de los países en desarrollo por el resto del decenio. En efecto, en una muestra de 95 economías en desarrollo observadas durante el decenio de los 90, en 1996 sólo 14 de ellas habían sufrido una reducción de su ingreso per cápita, en tanto que en 1999, la cifra se había elevado a 32.

Casi cinco años después de la Cumbre Social, la pobreza y la desigualdad continúan creciendo y las probabilidades de que esta tendencia se revierta siguen siendo muy bajas. El énfasis que continuamente se da a la austeridad no permite crear las condiciones para lograr un crecimiento y desarrollo social de cobertura amplia. El desempleo y el subempleo están aumentando en muchos lugares del mundo. Más aún, la calidad del trabajo y de las condiciones laborales está bajando a consecuencia de las políticas laborales “flexibles” y a la expansión del sector informal. Los flujos de financiamiento privado tampoco han demostrado ser una panacea; se concentran en un número relativamente pequeño de países en desarrollo y cuando son significativos, implican riesgos graves de que haya una mayor volatilidad económica.

Dado este panorama generalmente sombrío, no es de sorprender que la reducción de la pobreza ocupe ahora un lugar central en la agenda sobre desarrollo. El Banco Mundial ha empezado a justificar el apoyo a los sectores sociales con la finalidad de promover el desarrollo, y hasta el Fondo Monetario Internacional ha sido forzado a reconocer lo importante que es atender los problemas sociales. Pero todavía se tiende a tratar estos asuntos de manera tecnocrática. Así, un enfoque unilateral de corta visión sobre la reducción de la pobreza, sin un compromiso más amplio para mejorar la calidad de vida de la sociedad en general, obscurece los problemas de distribución del ingreso y equidad social. Además, destinar los recursos hacia los más pobres o solamente hacia determinados grupos especiales, favorece el establecimiento de una estructura dual de servicios sociales: una dirigida a los pobres, financiada por el estado, y otra dirigida al resto de la población que pueda pagar por los servicios que preste el sector privado. Esto no sólo es una deficiencia política sino también económica. De hecho, la economía neoliberal tradicionalmente ha denunciado la idea de otorgar un trato especial a determinados grupos de personas (targeting) en el campo económico, citando problemas derivados de información insuficiente, distorsión fundamental de los incentivos, expectación de recibir privilegios, de costos administrativos elevados y corrupción. La ortodoxia del mercado se sustenta en un ideal de no intervención. Por ello, es paradójico que mientras en lo económico se aboga por el universalismo, en la política social se rechaza rotundamente.

En otra revocación significativa de las políticas previas, las instituciones de Bretton Woods conceden ahora un papel mucho más importante al estado. Pero esta concesión llega después de varios años durante los cuales ha habido un debilitamiento devastador de la capacidad del estado. Por lo tanto, hay el peligro de que en algunas partes del mundo en desarrollo se espere que los estados atiendan demasiadas demandas, peligro vinculado a menudo con una tendencia a poner condiciones más rigurosas que nunca a la entrega de préstamos o de donaciones. El programa de reducción de deuda dedicado a los países pobres sumamente endeudados, conocido como iniciativa HIPC (siglas en inglés), refleja claramente este problema. Se requiere que los países que están batallando todavía bajo el peso de políticas de ajuste estructural inadecuadas, asuman compromisos contra la pobreza, para los cuales tanto los recursos, como la capacidad institucional, pueden ser insuficientes.

Finalmente, en años recientes se ha observado que hay un intento creciente de repensar la idea de gobernabilidad mundial y de crear un ámbito económico internacional más estable. Sin embargo, en la mayoría de los casos, parece que se trata de un asunto de remiendos. Las sugerencias de emprender acciones para remediar la situación están ligadas a un sistema que fundamentalmente no se analiza ni se pone en tela de juicio. Si se ha de lograr un avance verdadero, los problemas relacionados con la distribución equitativa de recursos y la política social deben llegar a formar parte integral del debate sobre desarrollo, y no ser sólo un agregado al que se toma en consideración cuando las políticas económicas existentes resultan ser inadecuadas.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Jun 2000
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 92-9085-033-7
    ISBN: 92-9085-023-X
    From: UNRISD