1963-2013 - 50 years of Research for Social Change

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Civil Society, NGDOs and Social Development: Changing the Rules of the Game



En este documento se evalúa ampliamente el papel y la actuación de las organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGDs) en la promoción del desarrollo social antes y después de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de 1995. En él se ofrecen dos tipos de análisis y recomendaciones. El primero se refiere a las prácticas de las ONGDs y a sus relaciones con otros “socios en el desarrollo”. El segundo se concentra en las deficiencias persistentes del sistema de ayuda, que condicionan la forma y efectividad de muchas de las intervenciones en pro del desarrollo, provenientes de las ONGDs así como de las organizaciones de la sociedad civil (OSCs). Esta revisión permite concluir que sin una reforma a fondo del sistema de ayuda, seguirá obstaculizándose la movilización de la mayor parte de la sociedad civil junto con las ONGDs para lograr un auténtico desarrollo en el Tercer Mundo.

El concepto de sociedad civil ha alterado las ideas y la práctica del desarrollo en la mayoría de los países proveedores de ayuda. Sin embargo, la imagen occidentalizada de la sociedad civil que tienen y utilizan los donadores, no necesariamente se aplica a las sociedades civiles de otras partes. Ese sesgo repercute seriamente en los esfuerzos para movilizar a las organizaciones de la sociedad civil de los países en desarrollo. En la práctica, los donadores necesitan entender más a fondo la configuración y capacidad de la sociedad civil de los lugares específicos en donde tratan de intervenir. Deben reconocer también que los esfuerzos de las ONGDs, sin dejar de ser útiles, son limitados, y que no pueden substituir a los de la sociedad civil en su conjunto.

Las tareas que las ONGDs se han asignado a sí mismas, así como las expectativas de quienes las financian, son complejas y tal vez demasiado exigentes. Cubren la mayoría de las facetas del desarrollo social: reducir pobreza y exclusión; mejorar el acceso a servicios básicos; prevenir conflictos; promover la democracia; influir en las políticas públicas, etc. Las ONGDs funcionan también en niveles múltiples, desde lo individual, pasando por el del hogar y el de instituciones intermediarias hasta el de las relaciones, convenciones y compromisos internacionales. De esa manera pueden acercarse a un 20 por ciento de los pobres del mundo. Sin embargo, la evidencia permite sugerir que la aportación de la ONGD al cambio social es menos sustantiva y duradera de lo que se ha imaginado.

A las ONGDs les gustaría mejorar su labor, sin embargo, su capacidad para lograrlo está condicionada por el hecho de que el marco de referencia para ayuda, en el cual laboran, es injusto, está al servicio de los donadores y se caracteriza por la desigualdad de poder. Al mismo tiempo, las ONGDs siguen siendo en gran medida vulnerables y dependientes de la ayuda, lo cual puede dar como resultado el que se pongan en tela de juicio sus motivos y su comportamiento. Para que las ONGDs mejoren sus aportaciones a la movilización social en pro del desarrollo tienen que intensificar sus afanes para:
· entender y superar los factores que están socavando sus esfuerzos;
· trabajar de manera diferente con las comunidades para asegurarse de que el cambio sea sostenido;
· desarrollar una cierta habilidad para arreglárselas sin tener suficiente poder en las “asociaciones” que caracterizan a un sistema de ayuda no reformado;
· colaborar con otras ONGDs y trabajar con todo tipo de ONGDs para formar coaliciones y redes de intercambio;
· ampliar y consolidar las relaciones con la sociedad civil en general;
· interactuar más extensamente con el gobierno a niveles nacional y local; y
· actuar en el escenario internacional rindiendo cuentas a sus asociados y a los beneficiarios a niveles nacional y local.

Las ONGDs del Norte deberían, en especial, reorientar sus energías alejándose de actividades operativas en países del sur y en vez de ello, educar y cabildear a su propia base social de apoyo en los países del Norte, sobre los problemas del desarrollo.

Empero, las características estructurales del sistema de ayuda internacional acotan la capacidad de las ONGDs para que mejoren por sí mismas. Bajo las normas existentes, la mayoría de los receptores de ayuda carecen de poder relativamente y así se les mantiene. La distorsionada terminología de “asociación” es un ejemplo actual de la manera como la retórica enmascara las grandes disparidades de poder y el mantenimiento de la dependencia. Este desequilibrio de poder genera incentivos que se traducen en perjuicios para los receptores de ayuda, ya que obstaculiza su compromiso de realizar el cambio y controlarlo. Se proponen entonces seis reformas para atenuar o quitar las trabas institucionales del sistema de ayuda, mejorando así las posibilidades de que las ONGDs trabajen con diversos organismos de la sociedad civil a una escala más amplia.

Primero, lograr mayor equidad, una mayor responsabilidad compartida y control en el procedimiento de ayuda. A menudo se ha propuesto que se instauren y se apliquen mecanismos como los fondos fiduciarios u otros semejantes. Con ellos se establecería una separación adecuada entre quien da ayuda y quien la recibe, permitiéndoseles colaborar entre sí en el marco de una gestión transparente.

Segundo, reconocer la existencia de otras relaciones fuera de las de “asociación”. La comunidad de ayuda requiere que se definan con claridad sus relaciones según se las designe con propósitos diferentes. A determinadas relaciones corresponden derechos y obligaciones diferentes por parte de las entidades involucradas.

Tercero, nombrar “intermediarios imparciales” según los lineamientos del llamado defensor del pueblo (ombudspersona), tal como ahora está siendo considerado por las agencias que llevan a cabo operaciones humanitarias y de emergencia.

Cuarto, evitar la “cultura del desarrollo monolítico”, alentando a las ONGDs a que hagan lo que saben hacer mejor: trabajar con los agentes de cambio locales a fin de entender y proponer guías u orientaciones para el desarrollo, que permitan promover la integración, la participación de múltiples disciplinas, la participación social, la innovación y la adecuación a situaciones específicas. Esto va contra la tendencia actual de forzar a las ONGDs para que se amolden a las normas y métodos oficiales que a menudo se les prescribe siguiendo lineamientos técnicos y sectoriales preferidos por el donante.

Quinto, mejorar la aplicación del desarrollo social a partir de un conocimiento más profundo de las relaciones entre la participación cívica, el tipo de capacitación que requieren las organizaciones de la sociedad civil, y los procesos de cambio social y económico.

Finalmente, ampliar las relaciones con la sociedad civil apoyándose en el diálogo y en los vínculos entre diversos actores en múltiples niveles. Al trazar la red de instituciones se logra identificar los puntos de acceso a ese tipo de compromiso.

El sistema de ayuda no ha demostrado su capacidad para reformar sus principios y estructuras fundamentales. De seguir así, la credibilidad de las ONGDs al comprometerse con las OSCs será puesta en tela de juicio aún más. La necesidad de hacer reformas es evidente. La razón de que no se avance como se debe es que los donadores prefieren anteponer sus propios intereses a los de los receptores de ayuda, relegando a estos últimos a un segundo plano. Es posible que así se satisfaga la necesidad de quienes pagan impuestos, de buscar la forma de beneficiarse con la ayuda que ellos proporcionan. Sin embargo, esos mismos contribuyentes también están interesados en saber qué es lo que realmente se está logrando. Quieren las dos cosas, beneficios en casa y resultados favorables en el exterior. Por lo tanto, en un cierto momento, una actuación deficiente dará como resultado que se pierda la credibilidad en ambos extremos de la cadena de ayuda, lo cual no debe permitirse. La población pobre y marginal, en cuyo nombre opera el sistema, tiene un derecho fundamental a que el sistema de ayuda sea más efectivo.
  • Publication and ordering details
  • Pub. Date: 1 Jan 2000
    Pub. Place: Geneva
    ISSN: 92-9085-021-3
    From: UNRISD