UNRISD se complace en anunciar el relanzamiento de su programa de investigación de género con un nuevo nombre — Justicia de Género y Desarrollo — y un nuevo enfoque bajo el liderazgo de Francisco Cos-Montiel, quien recientemente se unió a UNRISD. En este blog Francisco expone qué rumbo tomará el programa y puedes conocer más sobre el mismo Francisco en nuestra breve entrevista (mira el video o lee la noticia).
UNRISD lanza su nuevo programa de investigación Justicia de Género y Desarrollo el mismo año en que celebramos el 25 aniversario de la histórica 4ª Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer. Nadie podía prever que 25 años después la humanidad estaría experimentando una pandemia global, uno de los mayores desafíos de los tiempos modernos.
2020 ha evidenciado fracturas y desigualdades perennes, incluida la desigualdad de género. A pesar de las experiencias pasadas, como los impactos que tuvieron las medidas del ajuste estructural sobre las mujeres (y que están bien documentados), vemos que las respuestas y el apoyo de las políticas actuales que, en el mejor de los casos, han sido neutrales en cuanto al género, especialmente si no han reconocido las desigualdades estructurales subyacentes.
Los efectos de género de la Covid-19
Creo que el trabajo y el cuidado son los ejemplos más poderosos de los efectos de género de la Covid-19. La pandemia ha obligado a un gran número de personas a trabajar de forma virtual, transformando la forma en que colaboramos, nos comunicamos y producimos. La mayoría de las industrias se han visto muy afectadas por la desaceleración de la demanda mundial de bienes y servicios, pero las que no dependen del contacto físico han podido adaptarse a la pandemia con relativa facilidad. Este no es el caso de muchos otros campos de trabajo. Por ejemplo, el cuidado que las personas brindan a los demás, que en su mayoría son brindados por mujeres, ha demostrado ser un desafío crítico en el que ni el Estado ni la sociedad han podido ofrecer una respuesta justa y coordinada.
Las mujeres han invertido muchas horas en cuidados durante la crisis de la Covid-19 y aquellas que están sujetas a la violencia de su pareja íntima enfrentan riesgos adicionales cuando se aíslan a sí mismas, que a menudo incluyen alojamiento precario y falta de ingresos y alimentos, como nos advirtió
Kabeer. Aquellas cuyo trabajo, remunerado o no, implica contacto humano, incluidas médicas, enfermeras y cuidadoras, son las que corren mayor riesgo de ser infectadas por la Covid-19. Pero este también es el caso de quienes tienen trabajos no regulados, como las trabajadoras domésticas y sexuales. También es el caso de los trabajadores en primera línea, cuyo trabajo continuo durante el apogeo de la pandemia han ayudado a sostener la economía y nuestra vida cotidiana.
In our gender-inflected societies, the greatest beneficiaries of innovation tend to be the providers of intellectual and physical capital who typically are men. This explains the rising gap in wealth between those who are dependent on capital versus those who depend on manual labour. But men working in the field of innovation can only be sustained on the condition that somebody else looks after tasks such as cooking, washing, cleaning; tasks that are widely identified with women.
Creo que algunas preguntas muy básicas siguen siendo tan relevantes como siempre: quién trabaja en qué, quién cuida a quién y a cambio de qué, y cómo la cultura determina los roles, las relaciones, las aspiraciones, las esperanzas, los deseos y las satisfacciones de los seres humanos. En el pasado se han logrado avances hacia una distribución más equitativa del trabajo, la atención, el bienestar y el poder entre hombres y mujeres, pero la pandemia nos ha demostrado que estos avances en materia de igualdad de género, que quizás habíamos dado por sentado, se pueden perder muy rápidamente.
El nuevo programa
El programa de investigación de género relanzado de UNRISD tiene como objetivo profundizar nuestra comprensión de las causas estructurales de estos problemas y proponer opciones políticas y de política pública a los Estados Miembro de la ONU y la comunidad de desarrollo en general. El nuevo nombre del programa refleja un énfasis en el concepto de justicia de género que incluye la cuestión de reparar las injusticias pasadas en el marco de las discusiones actuales sobre el empoderamiento. También debemos reconocer que las vidas de hombres y mujeres se entrecruzan con otras desigualdades (como clase, raza, orientación sexual, identidad de género y edad, entre otras) y este enfoque guiará nuestro trabajo.
Como hombre formado por las ideas y el trabajo de académicas feministas, tengo el honor de liderear el nuevo Programa de Justicia de Género y Desarrollo en UNRISD. Desarrollaremos un portafolio de investigaciones y actividades en tres áreas prioritarias: (i) la reacción violenta de ciertos grupos contra los derechos de las mujeres; (ii) género, tecnologías y economías digitales; y (iii) perspectivas feministas sobre el cambio climático.
Reacción violenta de ciertos grupos contra los derechos de las mujeres
Existe una creciente preocupación por el constante retroceso de algunos avances logrados con tanto esfuerzo en el campo de los derechos de las mujeres. Un fenómeno preocupante tanto en el Norte como en el Sur global. Esta reacción refuerza y promueve las normas culturales tradicionales de masculinidad y feminidad. Comprender cómo funcionan las instituciones y cómo las mujeres pueden superar los obstáculos que limitan su capacidad para tomar decisiones es fundamental si queremos asegurar y hacer avanzar con éxito el proyecto general de igualdad de género. UNRISD explorará el desafío del discurso anti-género y las amenazas a los derechos de las mujeres como un campo experimental para una reforma más amplia de valores.
Tecnologías y economías digitales
El programa llevará a cabo una investigación sobre las dimensiones de género y los efectos de la tecnología, las TIC y las economías digitales, para alimentar la esfera académica e informar la formulación de políticas públicas en la ONU y más allá. Una consecuencia de género de la creciente tecnologización del trabajo y de la sociedad es la cuestión de quién hace qué trabajos. La injusticia económica siempre ha sido un obstáculo para las mujeres en todo el mundo. Además de ser una preocupación económica clave, la desigualdad representa el mayor problema social asociado con la
cuarta revolución industrial, como la denomina el Foro Económico Mundial. La tecnología es una de las principales razones por las que los ingresos se han estancado o incluso han disminuido para la mayoría de la población en los países de ingresos altos. La demanda de trabajadores altamente calificados ha aumentado, mientras que la demanda de trabajadores con menos educación y menos habilidades ha disminuido. Sin embargo, una parte clave de la economía que se puede esperar que evite el desplazamiento es el sector feminizado del trabajo de cuidados, ya que depende de la interacción humana y la inteligencia emocional. Si bien este trabajo puede ser realizado tanto por hombres como por mujeres, dado que las mujeres están perdiendo oportunidades a medida que los trabajos se tecnologizan más, es posible que las mujeres se vean obligadas a asumir nuevamente trabajos identificados con la esfera corporal y emocional, lo cual aumentaría la división sexual del trabajo.
Cambio climático
Con los impactos del cambio climático que se vuelven cada vez más visibles y devastadores, y a solo 10 años de poder lograr la Agenda 2030, la necesidad de responder al cambio climático es más urgente que nunca. La pandemia de la Covid-19 ha expuesto la interconexión del planeta y la humanidad, y cómo compartimos vulnerabilidades y fortalezas. Debido al papel de la mujer en la encrucijada de la producción y la reproducción, es importante investigar el desarrollo y sus vínculos estrechos con el cambio climático a través de una mirada feminista. Una política ambiental feminista reconfigurada debería actuar como catalizador para una innovación social más amplia.
Mi experiencia me ha mostrado que la investigación tiene un papel fundamental que desempeñar a la hora de identificar, analizar y proponer soluciones a los desafíos emergentes que no podríamos haber imaginado cuando celebramos la Plataforma de Acción de Beijing. Con el lanzamiento del Programa de Justicia de Género y Desarrollo, UNRISD continúa su investigación de alta calidad en materia de igualdad de género y desarrollo social. Esta investigación −iniciada en la década de 1990 por Shahra Razavi− ha tenido una influencia significativa en los debates académicos en el campo y se ha utilizado ampliamente en las Naciones Unidas, en la formulación de políticas, en las organizaciones de mujeres y en las defensoras de los derechos de las mujeres. Los temas que se explorarán en el marco del nuevo programa son más relevantes que nunca para el proyecto global de la igualdad de género.
Creo que de esta manera, y conjuntamente con los otros programas de investigación de UNRISD, el Programa de Justicia de Género y Desarrollo puede esperar hacer una contribución útil y coherente a la nueva Estrategia Institucional de UNRISD que se dará a conocer en el nuevo año.