Volver | Proyecto: Envejecimiento, desarrollo y protección social
Estudio de caso de Nana Apt
ATENCIÓN INFORMAL A LA POBLACIÓN EN EDAD AVANZADA: LA CRISIS AFRICANA
RESUMEN
La capacidad de la población en edad avanzada para seguir sosteniéndose por sí misma y para contribuir al bienestar de quienes les rodean, será el factor crucial que habrá de distinguir el tipo de prosperidad y seguridad que tenga cada país. Al mismo tiempo, la disponibilidad de sistemas de apoyo adecuados para las personas de mayor edad se está convirtiendo en algo cada vez más importante por el envejecimiento de la población, especialmente en África.
África, como el resto del mundo, está envejeciéndose demográficamente. El número de africanos que están envejeciendo está aumentando con rapidez. Al mismo tiempo que está aumentando el número de personas que requieren asistencia para poder tener un nivel de calidad de vida aceptable, los recursos de ese continente están agotándose y el sistema tradicional de bienestar social, la familia extensa, está empezando a desintegrarse. Es evidente el conflicto de lealtades que surge entre la familia conyugal urbanizada, de más reciente formación, y la familia extensa tradicional. El proceso de urbanización socava las ideas y valores culturales que unen a la familia, por lo que la sociedad urbana africana amenaza con transformar la imagen del anciano (que hasta ahora había sido una persona muy relevante y respetada), en un extraño indeseado, a la vez que la familia extensa pierde importancia. La importancia que tenían el papel y el status tradicionales de los ancianos en África está disminuyendo. Además, hay cambios significativos en los roles económicos, en las responsabilidades y en los sistemas de recompensa.
La modernización de África afecta también de diversas maneras no económicas el bienestar de la población en edad avanzada. La educación moderna, en particular, erosiona la base de poder de los viejos y les confiere poder a los jóvenes que estén educados, urbanizados y politizados. La educación no solamente ha ampliado la brecha entre viejos y jóvenes sino que ha abierto las compuertas de la urbanización y la migración. La migración repercute de dos formas en la atención a los ancianos: genera distanciamiento social entre generaciones y a las personas en edad avanzada les priva de sus fuentes usuales de apoyo y de ayuda. En África la urbanización y la migración extienden la brecha cultural entre los jóvenes y los viejos tanto individual como colectivamente.
Los elaboradores de políticas y los promotores del desarrollo deben empezar a tomar en cuenta el envejecimiento de la población no solamente como un problema de derechos humanos y de justicia social sino como un problema crítico del desarrollo. En esta ponencia se identifica la crisis inmanente del cuidado a los ancianos en África, en el contexto del aumento de la pobreza y de la infección por VIH/SIDA. Se muestra que en toda África los sistemas tradicionales de asistencia están sometidos a restricciones y que las personas en edad avanzada tienen una sobrecarga al tener que ayudar a los demás, cuando son ellas mismas quienes más necesitan de esa atención. La negligencia histórica de los sistemas informales de asistencia ha servido para disfrazar la dimensión de la crisis sin que los funcionarios que elaboran las políticas logren estar suficientemente conscientes del problema como para adoptar nuevas medidas en torno al cuidado y atención a los ancianos. En la actualidad, el moderno sistema mundial económico se impone por encima de la viabilidad de los sistemas tradicionales de bienestar familiar, por lo que es causa primordial de la crisis que aqueja a la asistencia informal.
En esta ponencia se propone y se analizan dos situaciones críticas principales, interrelacionadas, vigentes en el continente africano, y que repercuten negativamente en la asistencia a las personas en edad avanzada. Estas son: (1) la crisis de urbanización y migración y (2) el moderno ajuste económico al que se enfrenta la familia urbana africana, lo cual impide que la familia joven sufrague los gastos correspondientes a sus responsabilidades sobre el bienestar, en un contexto de falta de esquemas de seguridad social para los ancianos. Ambas crisis repercuten negativamente en la asistencia informal a los miembros más viejos de la familia. Además, el VIH/SIDA ha surgido como el tercer factor de crisis más reciente con repercusiones en los sistemas tradicionales de asistencia nunca antes experimentadas en África. Apenas han empezado a surgir en el mundo las ideas de política sobre la manera de controlar mejor las energías y recursos tanto de la familia como de la comunidad para satisfacer las necesidades sociales de los individuos que envejecen; pero en África se requiere de dichas ideas con mayor urgencia, antes de que sea demasiado tarde. En la ponencia se sostiene que si se espera que la familia africana sirva como red primaria de asistencia, tal como lo fue alguna vez, se requiere saber más sobre la manera como los cambios sociales han afectado la capacidad de la familia para hacerse cargo de ese tipo de responsabilidades. La ponencia termina proponiendo opciones de política sobre la mejor forma de hacer del envejecimiento en África una experiencia positiva y no una crisis para gobiernos y comunidades.