1963-2018 - 55 years of Research for Social Change

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Volver | Proyecto: Envejecimiento, desarrollo y protección social

Estudio de caso de Ana Amélia Camarano

  • Proyecto de: 2001 a 2003

EL ENVEJECIMIENTO EN BRASIL: DIFERENCIAS EN EL BIENESTAR POR ZONAS RURALES Y URBANAS

RESUMEN

1- Contexto

A principios del siglo XXI, una característica común entre los países desarrollados y en desarrollo es el envejecimiento de la población. En Brasil, esto puede observarse en el incremento de la población de 60 y más años, que ascendió del 4 al 9 por ciento entre 1940 y 2000. Esta cifra representa aproximadamente 14 millones de personas en este último año y se prevé que este grupo de edad alcanzará los 25,5 millones de personas en 2020. Lo que es más importante, en 1999 se identificaba al menos una persona mayor en el 26 por ciento de las familias.

El proceso de envejecimiento en Brasil es bastante heterogéneo y complejo. Una de las diferencias importantes se observa en los ámbitos rurales y urbanos. Aunque la fertilidad y la mortalidad son mucho mayores en las zonas rurales que en las urbanas, el porcentaje de ancianos en toda la población es aproximadamente el mismo en ambas. Esto significa que el envejecimiento de la población no es solamente consecuencia de la disminución de la fertilidad y la mortalidad. La migración de la población rural a las ciudades a una edad primordial contribuye a la aceleración del envejecimiento en las zonas rurales de Brasil y a su ralentización en las zonas urbanas. La mayoría de los migrantes de las zonas rurales son mujeres. Así pues, la composición de hombres y mujeres en la población varía según su lugar de residencia; la relación entre el número de mujeres y hombres ancianos es elevada en el ámbito rural (1,12 en 2000), a diferencia de las zonas urbanas, donde ésta disminuye considerablemente (0,76). Por lo tanto, las necesidades con respecto al cuidado de las personas mayores son diferentes en uno y otro ámbito.

2- Pregunta/métodos

El presente informe tiene por objeto, fundamentalmente, abordar la relación entre el envejecimiento y la dependencia, y el papel de las políticas sociales en Brasil, según las zonas rurales y urbanas. Es decir, ¿es diferente ser anciano en las zonas rurales que en las zonas urbanas? Y, en caso afirmativo, ¿a qué dimensión de la vida afecta? ¿De qué forma afecta la política de seguridad social a estas condiciones? Dado que los datos nacionales de Brasil ocultan diferencias regionales, el presente informe también se centra en algunas diferencias entre el Noreste (la región más pobre de Brasil) y el Sudeste (la región más rica) en este proceso.

En estas páginas se considera que la vejez comienza a los 60 años, sobre la base de la definición utilizada por la Política nacional de Brasil para los ancianos. No obstante, esto no significa que el grado de vulnerabilidad y dependencia sea el mismo para todas las personas. De hecho, una gran parte de los ancianos brasileños todavía desempeñan papeles sociales, al continuar con sus actividades económicas y cuidar a los nietos, y su situación generalmente es mejor, por lo que algunos incluso comparten sus ingresos. En suma, no se trata de un grupo homogéneo.

Se consideran cuatro dimensiones en la vida de las personas mayores, a saber, los acuerdos familiares, las condiciones de salud, las actividades económicas y los ingresos. Para ello se tiene en cuenta la composición de hombres y mujeres y sus edades según las zonas rurales y urbanas. La relación entre el envejecimiento y la dependencia es mayor en los entornos rurales que en los urbanos, y en el Noreste que en el Sudeste. No obstante, el aumento del bienestar observado entre 1981 y 1999 ha beneficiado en mayor grado a las mujeres mayores de los ámbitos rurales y al noreste del país, lo que fundamentalmente obedece a las políticas de seguridad social y salud.

Los principales datos analizados son los revelados en las Encuestas generales de hogares (PNAD) de 1981 y 1999, donde se consideran los cambios producidos en 18 años. También se utilizan otras fuentes, tales como los Censos Demográficos y la PNAD de 1998.

3-Algunos resultados

Las pruebas empíricas han demostrado que, en Brasil, la relación entre envejecimiento y dependencia no es tan evidente. Los ancianos de las ciudades son más jóvenes que los de las zonas rurales y se ha demostrado que los primeros disfrutan de mejores condiciones de vida que los segundos. Por ejemplo, en 1998, aproximadamente el 84 por ciento de la población mayor de Brasil que vivía en ciudades afirmó que gozaba de buena salud. En las zonas rurales, este porcentaje equivale al 81 por ciento y, en 1981, el número de personas mayores discapacitadas era mayor que en los entornos urbanos. Esta diferencia se invirtió a lo largo del decenio de 1980.

En las familias de las zonas urbanas con un miembro mayor, la pobreza es menos acusada. En efecto, ésta suele ser menor en las familias que viven en ámbitos urbanos. En 1981, el hecho de que hubiera o no un familiar mayor en las familias no afectó prácticamente el porcentaje de familias pobres, particularmente en las esferas rurales. Sin embargo, en 1999 esta situación cambió considerablemente. Por ejemplo, el porcentaje de familias rurales pobres equivalía el 29,7 por ciento, pero, de no haber habido personas mayores, el porcentaje habría ascendido al 48,9 por ciento. Entre las familias urbanas, los porcentajes comparables equivalen al 18,8 y 33,8 por ciento. Otro aspecto es la cuestión de la diferencia entre hombres y mujeres. Entre la población más joven, la pobreza es mayor entre las mujeres que entre los hombres. La situación se invierte al referirse a la población mayor, ya que la legislación de Brasil permite a las mujeres acumular la pensión de vejez, de viudez, y los ingresos laborales.

Se comparan las condiciones de vida relativamente mejores de las personas mayores con los efectos de la crisis económica continua experimentada por la economía de Brasil. Ésta ha afectado en mayor grado a la población más joven, manifestándose en el desempleo, la violencia, los embarazos en mujeres adolescentes, las rupturas matrimoniales, etc. La pobreza se ha incrementado entre la población de 25 a 59 años y, en consecuencia, el tiempo en que los hijos adultos dependen de sus padres. Pueden considerarse dos formas en que las personas mayores apoyan a las familias, es decir, contribuyen con sus ingresos al presupuesto familiar y viven en familias que cuentan con hijos mayores de edad y nietos.

En 1999, la contribución de las personas mayores al presupuesto familiar en el ámbito rural ascendía al 58 por ciento, mientras que en el ámbito urbano esta representaba el 51 por ciento. Los efectos de la contribución financiera de las personas mayores son más importantes en la región noreste que sudeste. La composición de las familias con personas mayores ha cambiado y ha llegado a ser más complicada que el "nido vacío" esperado. La ayuda de los miembros mayores a las familias se manifiesta igualmente a través del incremento del porcentaje de hijos adultos, de 21 años y mayores, que viven en familias dirigidas por ancianos. Asimismo, el porcentaje de "otros familiares" (probablemente nietos) menores de 14 años que viven en familias dirigidas por personas mayores ha aumentado de forma espectacular y se acusó en mayor grado en las familias rurales, en particular las dirigidas por hombres mayores, en la región noreste.

En resumen, puede afirmarse que la situación de los ancianos con respecto a sus propias familias ha cambiado, al abandonar su papel tradicional de miembro dependiente y convertirse en miembro prestador de servicios. Esto ha sido posible, debido a que un gran porcentaje de los ingresos de las personas mayores proceden de la Seguridad Social. En las zonas rurales, el porcentaje de personas mayores que recibe algún tipo de prestación social se incrementó del 53 al 82 por ciento entre 1981 y 1999, por lo que se benefició el 87 por ciento de las familias rurales. Este porcentaje es más alto entre las familias que no viven en la pobreza. No obstante, los ingresos laborales siguen siendo importantes para los ingresos de las personas mayores; equivalen al 31,2 por ciento de los ingresos que perciben los ancianos de los ámbitos rurales. Éstos trabajan más que los ancianos de las zonas urbanas, incluso los que ya están jubilados.

Conclusiones

Estos resultados indican que, en comparación con 1981, la situación de la población mayor de Brasil en 1998 ha mejorado ostensiblemente. Estos cambios parecen haber afectado en mayor grado a los ancianos de las zonas rurales. Por otra parte, la mejora de las condiciones de vida de la población mayor contrasta con los efectos de la crisis económica continua que atraviesa la economía de Brasil, y que ha afectado más en particular a la población joven, al manifestarse en el desempleo, la violencia, el consumo de drogas, los embarazos en las mujeres adolescentes, las rupturas matrimoniales, etc. En consecuencia, ha aumentado el tiempo en que los hijos adultos dependen de los padres.

Tres factores han contribuido notablemente a esta situación: la amplia cobertura de la seguridad social, las políticas de salud y las mejoras en la tecnología médica. No obstante, la mejora de las condiciones de vida de los ancianos ha supuesto unos gastos considerables en términos de prestaciones de seguridad social y de salud. Los gastos en seguridad social son un motivo de preocupación constante. Sin embargo, al evaluarse la política pública, deberían tomarse en consideración los efectos imprevistos de la amplia cobertura de las prestaciones de seguridad social en las personas mayores y sus familias. Se han beneficiado trece millones de familias. Debido a este gran valor, la política de seguridad social se considera una política social moderna capaz de cambiar la distribución de los ingresos en Brasil.